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Maritza Izaguirre

Gestión pública y competitividad

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En la prensa internacional circula una nota relativa al índice de competitividad, correspondiente a los años 2013-2014, elaborado por el Foro Económico Mundial para 148 países. En dicho índice se recoge el comportamiento de variables tales como: la institucionalidad, la infraestructura, los logros en materia de educación, avances en la creación del conocimiento, innovación y tecnología, y muy importante el clima empresarial, en el período analizado.

No sorprende que como resultado de la clasificación las naciones que tradicionalmente han punteado la clasificación la conserven, entre ellas: Suiza, Singapur y Finlandia. En nuestra región se observa que Brasil y México logran mantener su posición, pero otros como Argentina, Uruguay y Venezuela descienden. En nuestro caso, Venezuela ocupa el puesto 134 y Haití el 144, compartiendo posiciones con países como Uganda, Zimbabue y Mozambique.

Según los autores, una variable clave para explicar los éxitos y fracasos de los países se centra en la calidad de las instituciones, que refleja el estricto cumplimiento de los principios constitucionales, el respeto al equilibrio de poderes y, lo más importante, organizaciones capaces de ejecutar las políticas públicas, derivadas de un paradigma orientado al desarrollo económico y social en un marco de estabilidad y sustentabilidad.

En ese contexto importa la transparencia en el manejo de los recursos, reglas claras y respetadas por todos los actores, lo que incrementa la confianza en la gestión pública y privada.

De allí que el peso de la calidad en la gestión pública sea clave para explicar el descenso en la clasificación. Sin una gestión eficiente no se resuelven los problemas asociados a las fallas en la infraestructura, a la baja calidad de la educación, especialmente al no alcanzar metas concretas en la transmisión de los conocimientos necesarios en matemáticas y ciencias, para incursionar con éxito en las nuevas ramas del conocimiento y en un mercado de trabajo globalizado, donde se compite con base en capital humano y social. Construido sobre la base de un entramado institucional capaz de resolver problemas, gracias a la presencia de organizaciones eficientes, descentralizadas, que delegan funciones y responsabilidades a la red responsable por su ejecución.

Todo lo contrario de lo que ocurre en nuestro medio, tal como lo evidencia la  crisis de los servicios públicos que hoy confrontamos. Allí la razón, entre otras, del descenso en la clasificación, un país de baja productividad, poco transparente en su gestión y con su calidad de vida deteriorada por la ineficiencia y corrupción.