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Pedro Conde Regardiz

Geopolítica del petróleo venezolano

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Venezuela es un país en “ebullición”, convulsionado, después de 15 años de chavismo mal instrumentado por quien inmerecidamente tuvo la confianza de Chávez (Giordani), en presencia de fabulosos ingresos petroleros (aproximadamente 95% de todos los ingresos petroleros percibidos desde hace 100 años), más los crecientes endeudamientos, impuestos. Basta leer la prensa diaria para “tomar el pulso” social, político, económico, al manifestarse mediante el desempleo (más de 5 millones de la fuerza de trabajo se ocupan en actividades informales), la inseguridad (atracos, hurtos, homicidios) cada día más angustiante y muestra de la acuciante pobreza que se profundiza en todos los estratos sociales; el progresivo costo de la vida, lo precario de los ingresos, y más grave aún, de la cohesión social. No es necesario ser en demografía un experto, quien podría realizar cálculos precisos, para observar que la población venezolana crece muy poco, que tiende prematuramente a envejecer a causa de de la  creciente migración, de los asesinatos consuetudinarios que afectan sobre todo a los jóvenes, del elevado número de muertes de mengua en los hospitales públicos, por falta de medicamentos y carencia de servicios de emergencia adecuados.

Se afirma y pavonea la pobreza por las ciudades, el campo, los llanos, praderas, las descuidadas costas, las áreas marinas, las selvas, revelando que hoy el ingreso per cápita es menor que en 1978, año hasta cuando creció desde 1950, luego comenzó a decrecer hasta 2004 (26 años) por los desastrosos gobiernos de Luis Herrera, durante el cual sucedió el viernes negro que destrozó al bolívar, de Jaime Lusinchi, quien inauguró la caterva de seguidillas devaluacionistas con fines fiscales, e instrumentó la empobrecedora fórmula, el “enlatado” del Fondo Monetario Internacional, bien que sin firmar previamente un acuerdo; el segundo de Carlos Andrés Pérez, con su ultra-neoliberalismo comenzó a diezmar la agricultura, la agroindustria, industria manufacturera, creó fuerzas inflacionistas más violentas y sometió al país innecesariamente a fuertes tensiones político-sociales que Caldera pretendió apaciguar demagógicamente maquillando realidades y creando falsas distensiones políticas. Surgieron tres padres de la deuda: Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins.

La pésima gestión político-administrativa, la corrupción, durante los últimos 30 años de la mal llamada cuarta república desembocó, por resultados electorales favorables, en una opción política, el fenómeno Chávez, que arrojó este caos inimaginable generado en parte por decisiones ideológicas sugeridas e impuestas por el gobierno cubano, que disfruta de nuestros ingresos petroleros por generosas contribuciones otorgadas usurpando competencias relacionadas con la hacienda pública. Desde 2005, adulterando cifras que proporciona la actividad económica, se dice que ha crecido el ingreso per cápita. Tal aseveración no resiste el menor análisis ante la evidencia de postración de la economía real, las masivas importaciones, las vicisitudes de los servicios. Al lego le hacen creer con aberrante propaganda que son cifras de los organismos internacionales. Es mentira.

Se han perdido varias ocasiones, ya que si se hubiera continuado creciendo desde 1978 a las tasas registradas durante los 18 años anteriores (5,1% en el Producto Interno Bruto; 3,4% de variación en índice precios al consumidor), nuestro país sería hoy miembro de la OCDE, perteneciera al primer mundo y viviéramos democráticamente en el regocijo de la satisfacción colectiva de las necesidades sociales al haber superado con creces los 9.000 dólares de producto interno bruto per cápita, umbral para ser considerado desarrollado, según la ONU. Chávez, a pesar de los ingresos petroleros inusitados, más bien acentuó endeudamientos, tanto así que en 14 años, 1999-2013, se han cancelado más de 100.000 millones de dólares por concepto de servicio de la deuda, y desde 1987 la cantidad sideral superior a los 150.000 millones de dólares, sin que se palpen o perciban los efectos beneficiosos en términos de crecimiento económico real, empleo y bienestar social. Chávez fue el cuarto padre de la deuda externa e interna. Es más, Venezuela luchó durante años, con Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt  y Juan Pablo Pérez Alfonzo, como me lo dijo éste una vez en su casa en Los Chorros durante una de nuestras frecuentes conversaciones, con auténticos argumentos nacionalistas y anti-imperialistas para  convencer a los árabes y promover la fundación de la OPEP, la cual se realizó en 1960, cuando eran gobierno, pero sus políticas de defensa de los precios y la mejoría experimentada ocasionaron, aunadas a razones geopolíticas, distintas a las de oferta y demanda, cuantiosos ingresos que hasta ahora en nuestro país han tenido poca repercusión favorable para impulsar el desarrollo. Mejor dicho: para Venezuela, es triste decirlo, la creación de la OPEP ha sido hasta ahora en cierto modo negativa por el caos generado, la espeluznante corrupción y la formación de mafias en distintas instituciones que constituyen  un régimen donde reina una “mafiacracia”. Es verdad que durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez se efectuaron grandes inversiones en la llamadas empresas básicas, pero ya vemos el estado lamentable en que se encuentran, a causa del fracaso estatal y de un sindicalismo mal entendido, y en trance de caer en la voracidad del panda chino ansioso de acumular recursos naturales para consolidar su objetivo de dominación, lo cual en nada contribuye a la propagación de la democracia mundialmente.

Soñamos, luchamos cuando éramos estudiantes y más como profesionales. Sueño convertido, 50 años después, en pesadilla, frustración. No quiero imaginar lo que pensarán los viejos dirigentes que lucharon durante las dictaduras, ni tampoco lo que estarán viendo, si es que existe otra vida, los que la entregaron heroicamente, derramaron su sangre en aras de la democracia social (como la llamaban Raúl Ramos Giménez, Elpidio La Riva Mata, Manzo González y otros). Ni hablar de aquellos místicos compañeros equivocados, tal vez por apresuramiento y errores interpretativos de la realidad, que ya no están (Domingo Alberto Rangel, Sáez Mérida, Moisés Moleiro, entre otros). Ante este desastre, siempre me pregunto qué pensaran aquellos compañeros del buró juvenil que conocí en 1958, al llegar de Cumaná para la universidad, en el edificio Haieck de Quinta Crespo, sede de AD: Gumersindo Rodríguez, Américo Martín, Jesús Carmona, Rómulo Henríquez, presunto futuro del partido y del país ¿Por qué no llegamos? Cada día nuestro país se muestra más inviable a pesar de las cuantiosas riquezas naturales. ¿Dónde está el “eslabón perdido”?

Todo ello enmarcado en una creciente intranquilidad internacional: agudización de la situación en el Medio Oriente, creciente ola terrorista que se pretende combatir con el lema “si no estás conmigo estás con los terroristas”. Esta lucha se percibe como una contra el Islam, como una nueva cruzada, buscando promover sistemas políticos democráticos en naciones tal vez culturalmente inadecuadas actualmente para el ejercicio democrático, pensando que así el mundo será más seguro, disminuirán los conflictos internacionales, la proliferación nuclear, al par que se trata de cumplir los objetivos del milenio de la ONU, todo lo cual aliviará la inseguridad del mundo y en particular de Estados Unidos, que se considera “comisionado” por Dios para eliminar los focos de intranquilidad mundiales y difundir la libertad, sistemas democráticos, única manera occidental de combatir la “Guerra Santa” desatada por el radicalismo islamista contra “Satanás”, esto es, contra el representante máximo de la libertad: Estados Unidos, presunto origen de la corrupción espiritual del hombre, de su materialismo obsceno, incultura y predominio de lo instintivo sobre lo racional. Es en realidad un enfrentamiento, puntos de vista irreconciliables, máxime cuando “Satanás” ha conquistado al mundo culturalmente: su música, comida rápida, “el american way of life” se impone mundialmente y ha llegado a lugares insospechados: Moscú, Pekín, Tokio, los países árabes, sin disparar un tiro.

Ante el fracaso de las ideologías, del modelo comunista, resurge en Rusia, Japón, China, Europa, el nacionalismo, tal vez el fascismo, que está dando muestras preocupantes y motivaciones para nuevas alianzas, ejes: Rusia-China y la nueva Eurasia, Estados Unidos-Europa. América Latina debería definir su papel geopolítico ante los problemas mundiales. Preocupante es que nuestro subcontinente haya apoyado invitar a China y Rusia, que con sus políticas agresivas buscan constituirse en bloque, a reuniones de los países no alineados, esto es, desnaturalizando los objetivos para los cuales fue fundado: constituir una asociación de países no alineados con ejes, bloques, como era el caso de Estados Unidos y la Unión soviética.

La definición del papel geopolítico de América Latina debería considerar primariamente nuestra pertenencia al mundo, a la cultura  occidental, movidos desde los clásicos por la idea de progreso y justicia en el marco de las libertades. Lo que sucede en las naciones islámicas, sobre todo penalidades, por disposiciones del Corán, nos parecen a los occidentales atrocidades. Venezuela  debería cooperar en la construcción del porvenir geopolítico globalizante de América Latina con su potencial energético, petróleo y gas: sus 297.736.000 de barriles de petróleo de reservas probadas hacen que sea el país con las más elevadas y representan 20% de las de la OPEP y de las mundiales.

En estos momentos de pusilanimidad europea en la escena internacional a causa de sus diferencias internas y por temor, de un lado, a las intenciones rusas, y en el otro, por sus deseos de independizarse, de disminuir el riesgo, de posibles chantajes energéticos rusos, como ya ha sucedido, y del polvorín en que se ha convertido el Oriente Medio, principalmente, ahora cuando Irak parece será dividido entre kurdos, sunitas y shiítas. Cada país europeo necesita en estos momentos disipar sus inquietudes concernientes a la seguridad nacional. Venezuela, y América latina en general, deberían aprovechar la ocasión para solidarizarse con la cultura occidental, de donde somos, y entablar negociaciones fructíferas para ambas partes. Contribuir a disminuir el probable chantaje ruso, mediante el suministro seguro y confiable de petróleo, tiene un precio político, al par que se fortalecen las fuerzas mundiales que promueven la libertad y la justicia. Tal objetivo puede lograrse aumentando la producción, sin dejar de abastecer mercados tradicionales y recientes.

Ha sido tan equivocada la política petrolera desde el punto de vista geopolítico que Venezuela ha perdido paulatinamente su tradicional parcela del mercado petrolero mundial. Otros han tomado más participación, han llenado el vacío. En 1966, las exportaciones totales mundiales eran de 16.708.000 barriles diarios, de las cuales la OPEP proveía 14.866.000 barriles diarios. Venezuela era el primer exportador con 3.108.000 barriles diarios, esto es, 20% de las exportaciones totales mundiales. Ya en 1972 habían bajado a 10,3%, bien que la relación producción reservas era de 3,3%. En 1962, Venezuela era el tercer productor, pero en 2012 fue el octavo con 4% de la producción mundial. Volver a producir progresivamente 3,3% de las reservas significaría alcanzar el triple de la actual, ascendería a 9.825.000 barriles diarios, gran parte de los cuales podrían negociarse con Europa, a la par que originaría un flujo considerable de fondos para financiar el esfuerzo de inversión. Sería un nuevo “boom” petrolero que bien administrado redundaría en la reconstrucción del sistema económico, principalmente el industrial, de acuerdo con nuestras ventajas comparativas naturales y tecnológicas. 

Es decir, no se trata de vender ordinariamente unos barriles de petróleo y que originen unos dólares, si no que, además, haya acuerdos tecnológicos, culturales, geopolíticos, entre otros, y se promueva, afirme,  la democracia, lo cual es esencial para frenar fuerzas político-religiosas, gobiernos teocráticos, que evidentemente buscan doblegar el ansia  de la  voluntad humana de lograr su plena realización espiritual y material, lo cual solo es posible en libertad. El petróleo venezolano debería facilitar el avance  de la libertad y democracia mundiales, sin que ello afecte su libre comercialización, cuando lo requieran los intereses nacionales.

Corresponde al presidente Maduro, entonces, convocar a un diálogo amplio en política exterior, pero no solamente con partidos políticos, para abordar la formulación de una política exterior de estado, no de una persona o parcialidad política, lo cual debilita su credibilidad y fuerza de acción. ¿Puede este Gobierno en estas circunstancias internas críticas, proponerse tal desiderátum? Sobre esto deberíamos meditar los venezolanos, latinoamericanos. Se debería definir qué haremos, junto a América Latina, ante el agravamiento de la situación internacional, debido al auge de enfrentamientos de corrientes religioso-nacionalistas que podrían desembocar en conflictos indeseables, como en el pasado. No olvidemos que ya hubo una guerra entre cristianos y musulmanes que originó la ocupación de España durante 700 años. De ahí surgió el memorable Cid Campeador.

Lamentablemente, nuestro gobierno pareciera una comparsa de intereses neo-imperialistas de los nuevos bloques, ejes, de naciones y no de los venezolanos, cubriéndose con desinformación, una pretendida jornada antiimperialista: “el imperialismo existe”, pero en la sombra abre las puertas a los enemigos de la libertad y democracia, los imperios en formación, y arriesga nuestro territorio, la existencia de la patria. ¿Hasta cuándo?

psconderegardiz@gmail.com