• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Oscar Lucien

#GenocidioSanitario

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

1. Hará un par de semanas me llama un amigo, colega de la universidad, hundido en la consternación. Ha ingresado un familiar con una afección de relativa gravedad en un hospital público de la capital de la república, luego de consumir la cobertura de su póliza de seguro en una clínica privada. A la paciente la mantienen en el área de emergencia porque no hay un cuarto disponible. Es decir, está “hospitalizada” en el salón de emergencia. Como es de imaginarse, las condiciones no son las adecuadas para un enfermo con una afección pulmonar, donde está constreñida a un espacio en el que la mayoría de los pacientes son motorizados con múltiples facturas y numerosos heridos de bala. En esas instalaciones son frecuentes los asaltos, la intimidación con armas de fuego a los médicos de guardia para que atiendan de preferencia a delincuentes heridos y un clima tenso de inseguridad y ninguna facilidad para acceso a algún servicio, llámese baños o agua potable. De hecho, la llamada desde su celular requiere de un ingenioso camuflaje para no exponerse a una agresión por robo.

La paciente requiere de una tomografía para completar el diagnóstico pero en el hospital no disponen del equipo necesario. Los familiares deberán sopesar el riesgo y, en particular, los costos, de contratar una ambulancia para trasladar al enfermo a una clínica cercana que pueda prestar el servicio a un precio accesible. Las primeras diligencias son infructuosas, pues algunas dependencias no están prestando el servicio ante la escasez de material fotográfico para el examen. Surge entonces la alternativa de obtener los resultados en un soporte digital. Pero, un nuevo obstáculo, el hospital no dispone de computadoras. Los familiares ofrecen prestar una laptop para la lectura del informe. Otra dificultad, la lectura de esos resultados requiere de un software especializado y el hospital no está en condiciones de suministrarlo.

Hace dos día me llamó nuevamente mi amigo, camino a la funeraria para el velatorio de su familiar.

2. Historias de este tenor son el pan de cada día.

Destaco en el contexto de esta nota la excelente muestra de retratos que el fotógrafo y docente Roberto Mata publica en la red Instagram y en la plataforma digital Prodavinci bajo la etiqueta #SaludEnCrisis. Más allá de la indudable calidad fotográfica de los retratos de los pacientes bajo la lente de Mata, impacta la crudeza de los relatos testimoniales de esos personajes-pacientes abatidos bajo las más inimaginables peripecias y padecimientos, en la imposibilidad de encontrar el medicamento que necesitan, el equipo adecuado, la terapia requerida, la larga espera para ser atendidos en un hospital público. Entre los múltiples casos que sacan lágrimas evoco el testimonio “Con o sin seguro, no hay yodo radioactivo” de Marlenys Monascal, de la serie de Roberto Mata. El mayor drama de esta dama está en la incertidumbre de saber si tiene o no cáncer ante la ausencia de yodo radioactivo en el país para hacerse la prueba correspondiente: debe seguir un tratamiento que le permite vivir sin tiroides pero desconociendo la dosis exacta que necesita y bajo la incertidumbre de que no existan células cancerígenas en su organismo. La inexistencia de yodo radioactivo es consecuencia de una deuda del gobierno con las empresas distribuidoras de material médico. Con el agravante de que este estado moroso limita cualquier iniciativa privada personal porque el yodo radioactivo solo se ofrece como insumo hospitalario y bajo importación del Ministerio de la Salud. Completa el testimonio Roberto Mata: “Marlenys está anotada en el Hospital Clínico Universitario a la espera del yodo, el mismo utilizado para las radioterapias. En febrero más de quinientos pacientes oncológicos estaban por delante de ella. También se anotó en el Hospital Domingo Luciani, donde no sabe cuál es su puesto en esa lista. Tener un seguro médico no es ninguna garantía. Con o sin seguro, no hay yodo. No hay fecha prevista para que llegue el yodo radioactivo a Venezuela”.

3. El pasado domingo 15 de junio, la periodista Laura Helena Castillo publicó en este diario un contundente reportaje bajo el titulo “Los pacientes nómadas”. Tan bien escrito y documentado que no me atrevo a parafrasear lo que de manera elocuente refleja en el sumario de su investigación: “Familias del interior huyen de las carencias con sus hijos enfermos y se encuentran con una situación similar en el Hospital de Niños José Manuel de los Ríos, centro de referencia nacional. Allí, 65% proviene del interior. Después de diagnósticos equivocados, ausencia de especialistas, tardanza y escasez, se separan del núcleo familiar y pierden sus empleos para llegar a la institución caraqueña que presenta fallas en todos los servicios y no cuenta con albergues para recibirlos”.

4. Cuando hoy los venezolanos todavía no sabemos el destino de más de 20.000 millones de dólares robados por empresas de maletín según denuncia de voceros oficialistas, cuando se anuncia el inicio de una averiguación por presunta corrupción de una ex ministra de Salud del difunto presidente, cuando el otrora poderoso Jorge Giordani publica una contundente denuncia de malversación de recursos económicos para dar prioridad a temas electorales, ¿puede molestarse el gobierno, pretender criminalizar  como desestabilizadora una etiqueta #GenocidioSanitario que refleja en 140 caracteres el drama diario de millones de venezolanos?