• Caracas (Venezuela)

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Ana María Matute

La Generación 2014

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Aquel miércoles todos en la redacción sabíamos que la noticia sería la marcha y sus resultados. Los muchachos estaban resueltos a protestar y razones no les faltaban. La marcha no fue solo de estudiantes, se llenó. Si bien es cierto que los que aún estudiaban eran la mayoría, había recién graduados, jóvenes profesionales, pero también madres y padres.

Como todos los miércoles, mi hija vino al salir de clases. Mientras yo trabajaba, ella se entretenía con sus tareas, y en eso andábamos. A eso de las 5:00 de la tarde Mariana me dice que la contactó por Facebook una amiga de Ángel, @elmatutino, mi sobrino y colega.

—Mamá, esta muchacha me pregunta si soy la prima de Angelito, porque me está diciendo que se lo llevó la Guardia Nacional de la marcha.

Suelo reaccionar completamente diferente a lo que muchos esperarían en alguna situación estresante. Lo que hicimos fue tratar de establecer contacto con la muchacha. No quise llamar a mi hermano ni a mi cuñada hasta no estar segura.

Era compañera de mi sobrino de la universidad, acababan de graduarse. Decidieron ir en grupo a la marcha, aprovechando que mi sobrino tenía que cubrirla para una radio de Internet. A la altura de Parque Carabobo se sentaron en la acera a descansar, ya todo estaba por terminar y ellos habían hecho todo el recorrido. Estaban cerca de la entrada del Metro y de repente vieron que la gente salía corriendo del subterráneo: “No entren, que están disparando y los guardias nacionales están llevándose a todo el mundo”. Comenzaron los disparos.

No les dio tiempo de correr, pues unos soldaditos agarraron a mi sobrino y a otro compañero y comenzaron a pegarles. Los hicieron cruzar la calle, los arrodillaron en el suelo. La muchacha iba detrás de ellos.

—¿Qué les van a hacer? Ellos no estaban haciendo nada, yo me voy con ellos.

Los guardias le dijeron a la muchacha que ella se quedaba. Ángel solo atinó a darle su celular, los lentes y las llaves de su carro que había dejado estacionado en Chacao. Eso nos contó, sin poder darme razones del paradero de mi sobrino. Ya mi hermano sabía, pues ella había llamado a su hijo mayor.

Comenzó la búsqueda. Nadie puede imaginar el peso en el corazón, el dolor en el alma y la rabia en las entrañas. Nadie puede saber la angustia de una madre que se ve sometida a semejante tortura. Con toda crueldad los esbirros mantuvieron bien guardada la identidad de los que se llevaban, y mi familia lo que hacía era dar vueltas por todos lados buscando a @elmatutino con las pistas que yo les conseguía.

Tenía mil ojos afuera buscándolo. Agradezco infinitamente a Edgar López, Sofía Nederr, a todos los abogados que lo ayudaron, a Marianella Balbi y al IPYS, a Argenis Martínez, a todos mis seguidores de Twitter, a mis compañeros y colegas. Cada dos horas me decían que estaba en un lugar diferente. Su familia no lo pudo ver nunca, sino cuando salió.

Muy tarde en la noche de ese 12 de febrero a Ángel sorpresivamente le dejaron hacer una llamada, pero no consiguió a sus padres y me llamó a mí. Eran ya las 11:00 de la noche.

—Tía, me agarraron, no sé dónde estoy, creo que en el Fuerte Tiuna, dile a mi papá.

Ángel estuvo tres días del timbo al tambo. Del Core 5 a Petare; los trasladaban de madrugada, no los dejaban ni dormir en el piso. Finalmente lo soltaron sin cargos porque es periodista.

Mientras vivía la tragedia personal, la tragedia del país se iba intensificando. Yo puedo contarlo. Mi sobrino creció y maduró enormemente como persona, como venezolano y como profesional. Pero hay muchas madres que simplemente tienen un hueco en el corazón que no se llenará jamás.

Solo la justicia podría reconfortarlas. Justicia para todas las familias que tienen a sus muchachos presos todavía. Justicia para los que salieron y no hallan cómo drenar la rabia y la impotencia.

En 2014 la careta del maduchavismo se cayó. Y fueron los estudiantes los que le arrancaron ese disfraz de democracia. Esto es una dictadura, sin más. Y ellos están dispuestos a combatirla, como lo hicieron los muchachos por la Independencia, como hicieron los jóvenes de 1928 por la libertad.

Desde el año pasado sigo preguntándome si los vamos a dejar solos.