• Caracas (Venezuela)

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Natalia Springer

¡Ganó la paz!

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¡Ganó la paz! Contra el miedo que nos ha gobernado por tanto tiempo, los colombianos hemos elegido no a Juan Manuel Santos, hemos elegido la paz. En lo que puede compararse con la Concertación chilena, Santos consiguió recoger el apoyo de la oposición y de los sectores que se opusieron a su gobierno con independencia y visión crítica, gracias al juicioso trabajo que se ha seguido en la mesa de negociaciones, que ha obrado con seriedad en lo que seguramente no es un acuerdo perfecto, pero sí razonable, con el objetivo de ponerle fin a este reguero de muertos, a esta guerra sin fin, en la que ya perdimos todos.

Y ha ganado por una diferencia lo suficientemente robusta como para descartar un fraude y para reafirmar que tenemos una democracia que ha sabido resistir un debate feroz e inclemente, acaso sucio, pero en paz. Una elección sin violencia, sin muerte.

La primera tarea del presidente Santos es, sin duda alguna, la de trabajar sin pausa para cerrar las enormes brechas que se generaron en esta campaña, que solo contribuyó a polarizar aún más al país. Deberá ponerse a trabajar de inmediato para enviar el mensaje a esa otra Colombia que no votó por él de que va a garantizar todos sus derechos y de que acepta la masiva votación hacia su contrario como una visión de país que no podrá ignorar, una visión que debe integrar, a la que debe tenderle puentes con urgencia e invitar al diálogo amplio y constructivo.

Urge especialmente que garantice los derechos de la oposición en un estatuto que ha prometido y que ahora les debe ya no solo a sus contradictores, sino a todos esos que lo apoyaron, pero que permanecerán en la oposición.

El presidente no podrá ignorar este masivo referendo por la paz, que, entre otras cosas, le recuerda que no hay cheque que aguante el precio de una paz con impunidad. No hay paz sin justicia, ni estamos preparados para ver a las FARC saliendo de este proceso y entrando al Congreso. Un referendo en este momento estaría perdido.

Se ha expresado en su contra también un país que le reclama por las reformas que no se surtieron en su primer gobierno y que ahora cursarán con muchas más dificultades, con un bloque de oposición muy organizado en el Legislativo. Se han expresado los que le reprochan el pésimo manejo que le dio a la compleja situación del agro, que primero desconoció y posteriormente tuvo que aceptar. El manejo de la cuestión agraria y el regreso de los “cupos indicativos” dificultaron mucho la gobernabilidad en el último semestre. El Presidente nos debe un fortalecimiento de la lucha contra la corrupción, porque no es posible una paz sin una democracia fortalecida.

El país también le pasa factura al presidente Santos por su falta de compromiso con la educación. La educación es paz. La educación es desarrollo y lucha contra la pobreza y la inequidad. La educación es justicia. La reforma no se surtió; han faltado liderazgos; ha faltado interés, y tiene uno la impresión de que el presidente no ha entendido que esa debe ser su revolución, su bandera y su locomotora más fuerte.

Presidente: usted no podrá hacer la paz si no incluye a esa otra Colombia, si no consigue un acuerdo amplio del país, y para eso tendrá que negociar primero con el desacuerdo, con los sectores de oposición, con el zuluaguismo que representó la defensa de la justicia y de los derechos de las víctimas exigiendo límites en los acuerdos.

Las mujeres se lucieron. Clara López supo entender el momento histórico. Claudia López integró a su partido alrededor de lo importante. Marta Lucía Ramírez, que reconoció la derrota, bendijo a su contradictor y ha llevado sin pausa la causa contra el reclutamiento de niños y niñas. La Red de Mujeres por la Paz. ¡Gracias, mujeres!