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Perkins Rocha

Ganaremos, pero...

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¿Permitirá el gobierno que la oposición gané las elecciones el 6D?, ¿cree el gobierno que permitirle a la coalición que conforma la MUD tal triunfo, pondrá en riesgo la permanencia de su "status quo", de su enfermiza, anacrónica y distorsionada visión política de la realidad y del futuro; de ese modo de ser "chavista way of life" del cual hacen alarde –que no es otra cosa que la ley del embudo: lo ancho para ellos– y que tanto choca a todos los sectores sociales, estilo de vida este que hoy todos reconocemos como la de los "enchufados", calificativo que ha logrado calar en la jerga del venezolano? Mi respuesta, discutible claro, a la primera pregunta, es sí, efectivamente lo va a permitir. Y la razón está en la respuesta a la segunda pregunta: porque esa aceptación le permitirá su inmediata permanencia, no sabes si larga, pero manejable para ellos. ¿Terrible consideración, verdad? Brevemente la explico a continuación.

Primero, es absolutamente ingenuo –e irresponsable si proviene de un político– considerar que el gobierno y sus secuaces aceptarán una derrota con el talante democrático que durante dieciséis años hemos evidenciado no tienen. Tenemos más de una década denunciando y padeciendo, que estos señores llegaron con la idea de quedarse. La alterabilidad propia de los regímenes democráticos es un anatema para ellos (Revolución no se mide, dice su máxima). Eso lo hemos constatado a sangre, sudor y lágrimas. ¿O no? Pregúnteles a las familias de los estudiantes asesinados y las de los presos políticos, si están de acuerdo con eso.

Pero, el gobierno tiene un problema, conocido e inocultable: en lo económico se sabe que está en caída libre. No hay forma de detener el colapso y no hay recursos para crear amortiguadores que aminoren el impacto social que causara. Aún más, si de la noche a la mañana llegaran esos recursos por obra y gracia de alguna dadiva internacional, ya no hay tiempo para diseñarlos.

¿Qué hacer frente a esa realidad terriblemente aplastante? Es necesario crear un escudo protector contra las inevitables críticas que se avecinan contra él. Hasta ahora, la formula de cercenar y anular el enemigo político interno no ha dado resultado. Al gobierno le urge un grupo, un líder, una idea o un "algo" que capitalice el alter ego de su gobernanza, y eso lo necesita aquí, en su patio. Bush no es útil para ese propósito. Algo o alguien que represente su contención, la razón de su lucha, su opositor contra quien proyectar esperanzas de cambio. Una excusa que justifique su permanencia. Ya las sombras tenebrosas de la garra del imperio metidas hasta en la sopa bolivariana, la "derecha histórica", no calma ni la presente angustia, ni calmará la altamente probable hambruna que se cierne sobre nuestro futuro inmediato. La gente tiene tiempo diciendo que el problema no son las personas, sino "el modelo". Eso también caló.

Esa contrabarrera política, ese saco de boxeo no se lo ha podido brindar el mundo político, los partidos o líderes de la actual institucionalidad opositora venezolana. De ellos, los que están presos, si bien han deteriorado significamente la credibilidad internacional del Gobierno, todavía no alientan las protestas en las colas. Los que aún están libres, unos, están limitados por sus responsabilidades indeclinables de gobierno,  limitándose a esporádicas apariciones públicas o tímidas actuaciones en redes sociales (Capriles); y otros, en plena gestación y confección de un discurso que aunque coherente y agudo, no termina de convocar masivamente la pasión y emoción que muy probablemente tendrá en el futuro (María Corina). En consecuencia, el Gobierno tiene una oportunidad de oro para oxigenar a sus contendientes, darles esperanzas institucionales a la inmensa mayoría de ciudadanos opositores que durante décadas han despotricado de las instituciones chavistas, generarles expectativas medianamente creíbles de cambio institucional, pacífico y democrático, capaz de hacerles creer que el paso inmediato será el Revocatorio; por cierto,  en un momento político muy parecido al que vivió Chávez y del cual se recuperó por obra y gracia de "sus instituciones", las mismas que nos estarán esperando en la bajadita nuevamente, pero esta vez, con más razones estratégicas inaplazables de su sobrevivencia personal.

Enfrentar 2016 con un galopante e indetenible clima de agitación social sin nadie a quien "echarle la culpa" y sin dinero –pues se prevé que el barril de petróleo estará rondando entre 30 y 40 dólares– es para el Gobierno impensable. Es preferible tener una Asamblea tolerablemente adversa pero intensamente limitada por un TSJ acólito, que declarará sin ningún estupor jurídico, nulos todos los actos de control y de establecimiento de responsabilidad que constitucionalmente esta llamada a realizar la Asamblea Nacional sobre la administración pública; con un Fedecámaras presentando proyectos de ley que pretenden desmontar una economía socialista que solo ha traído empobrecimiento y escasez, pero que ellos sabiamente se ocuparan de calificar como proyectos de leyes "clasistas"; y, vendiendo entre los suyos un espejismo constante de no poder hacer las cosas bien "porque no nos dejan los enemigos del Pueblo".