• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

Gallo senza cresta è un cappone

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Bigotón utilizó los poderes del Estado, incluido el electoral y el llamado cuarto (cuarteado) poder, caído –con honrosas excepciones– bajo su manto, para tocar a rebato en una campaña electoral que tenía perdida de abuso y arremetió contra la oposición (la cayapeó) sin respeto alguno, hasta llegar a presentarla como responsable de todos sus desaguisados: la política del espejo, invertir la imagen y reflejarla enfrente.

Hizo todo lo que se ha inventado en materia de ventajismo electoral y actualizó sus trampas en los centros de votación, incluida la invasión de votantes chimbos cuando las mesas están a punto de cerrar.

Terminó de gastar el dinero de los contribuyentes y lo que le quedaba de haber raspado la tarjeta de crédito en los cajeros del exterior (las divisas del petróleo están comprometidas y el Banco Central no para de vender oro y de imprimir billetes para garantizar el desayuno del día siguiente).

Expulsó un diputado, sobornó a otro e inició trámites para encarcelar a varios y al gobernador de Miranda y campeón sin corona de las pasadas elecciones presidenciales… todo a punta de mentiras, patrañas, cuentos, infundios, algunos inconcebibles, burdos, toscos, groseros, más propios de un palurdo que de un presidente: “¡Me llaman toripollo y maburro, algo sabrán!”.

Y lo repite, una y otra vez, con lo que termina por dar la razón a quienes le pusieron los apodos e incurre en un acto de bochorno como el del ex presidente español, José María Aznar, alzó una mano con el dedo medio estirado, entre el anular y el índice encogidos, para responder a un grupo de personas que lo abucheaban (como Aznar quizá tenga como poema de cabecera el If de Rudyard Kipling, citado durante casi un siglo, por adolescentes de izquierda y derecha picados por la culebrita extremista que se muerde la cola).

El inmaduro del espejo (los italianos dicen que gallo senza cresta è un cappone para referirse a líderes que no dan la talla) ha llegado a sugerir que los veinte, treinta o cuarenta muertos que son ingresados diariamente a las morgues de las principales ciudades son producto del odio, la frustración y el desespero que la oposición riega por todas partes, con el propósito de que recaigan las culpas sobre los impolutos escuadrones de la vida, del amor y del querer que el gobierno saca a la calle para rodear de cariño al pueblo.

Igual que Corazón de Mi Patria, se las da de querendón pero vive insultando a todos, sin atender la recomendación de Jalisco, donde “se quiere a la buena porque es peligroso querer a la mala”.