El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Eduardo Mayobre

Gallegos y Consalvi

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En 1991 Simón Alberto Consalvi publicó el libro Auge y caída de Rómulo Gallegos. Era embajador de Venezuela en Estados Unidos y su instinto de intelectual e historiador lo llevó a aprovechar la oportunidad para investigar en los Archivos Nacionales de ese país los documentos relacionados con el golpe de Estado que desplazó del poder a Rómulo Gallegos y dio pie para la constitución de la junta militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud, primer gobierno en la historia de Venezuela que actuó formalmente en nombre de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Con base en lo que nos dice el autor, el libro "no pretende ser más que una exploración en torno a la figura de Rómulo Gallegos y su relación con la política". Es más que eso. Desde el punto de vista historiográfico resulta un aporte inestimable para comprender el tránsito de la Venezuela civil a la Venezuela militar que dominó durante la década 1948-1958.

Desde una óptica más amplia es una reflexión sobre la relación entre ética y política tanto en la personalidad del gran escritor como en la evolución de nuestra sociedad. Pero como Gallegos tenía otras facetas, entre ellas las de maestro y novelista, Consalvi subraya que "optar por el político, por el testigo y protagonista de su tiempo, puede ser tentador (...) y se puede concluir, sin esfuerzo, en la admirable coherencia entre las palabras, las ideas, los postulados y los hechos que dan unidad a la vida y a la obra del novelista y del político".

Quince años después de publicado el libro, Consalvi completó su semblanza cuando publicó en la Biblioteca Biográfica Venezolana su excelente biografía de Rómulo Gallegos, en la cual también explora la personalidad y la obra literaria de este gran venezolano. La conclusión de Consalvi que quiero resaltar es la siguiente: "Gallegos tenía una concepción antimaquiavélica de la política o, dicho en otras palabras, un predominio de la razón ética sobre cualquier otro tipo de consideración.

Por eso no resulta difícil comprender su papel en algunos episodios determinantes en que los tocó le ser figura estelar como protagonista de primera magnitud. En los días tensos que precedieron al 24 de noviembre de 1948, cuando es derrocado, se comporta como un profesor de ética que no tiene alternativas o como un constitucionalista que conoce las dimensiones de su compromiso".

Nos narra: "Cuentan testigos de esos sucesos que cuando en las vísperas del 24 de noviembre, y en nombre de los militares ya alzados contra el orden constitucional, Carlos Delgado Chalbaud, su viejo amigo y ahora su ministro de la Defensa, le entrega el famoso pliego de peticiones. Luego de un intercambio de palabras a Delgado se le aguaron los ojos. El comentario de Gallegos no podría ser más singular: 'Me agrada verte llorar porque eso quizás signifique que todavía haya en ti algo noble".

En el pliego de peticiones se incluía la "desvinculación del presidente del partido Acción Democrática", que lo había llevado a la presidencia con 74% de los votos. Ante ello, Gallegos responde: "Sé bien lo que eso significaría (...) Si doy la espalda a la fuerza política que me ha apoyado, y entre cuyos miembros me cuento, además de cometer una deslealtad, quedaría expuesto a las maniobras de cualquier ambicioso.

Ya no serían ustedes sino el mismo policía de la puerta quien un día cualquiera me impediría la entrada a Miraflores". Lo anterior me lleva a dos reflexiones. La primera es que Consalvi, aunque no lo dice, se siente identificado con Gallegos. Su propia actuación política ha sido un "predominio de la razón ética sobre cualquier otro tipo de consideración". Y su propio actuar simultáneo como intelectual y como político le produce los mismos problemas que se le presentaron a Gallegos. Aunque aún nos debe una novela.

 Ambos han actuado en ese doble teclado con similar altura y dignidad. La otra es que la relación entre el Presidente y las Fuerzas Armadas es siempre dilemática. Manda el uno o los otros. Y el hecho de que el actual Presidente nos quiera convencer de que la Fuerza Armada Nacional es rehén suya -que son chavistas- puede ser una manera de disimular que Chávez es rehén de un grupo militarista de las FAN y sólo puede sustentarse si acepta sus pliegos de peticiones y es desleal a su base política, en cuyo caso el policía de la puerta un día cualquiera le impediría la entrada a Miraflores.

Afortunadamente se puede presumir que la mayoría determinante de las Fuerzas Armadas son institucionales y respetarán la voz del pueblo y no la de quienes quieren controlarlas con fines personalistas o grupales.

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