• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Funerales y elecciones

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Las carencias y debilidades de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello para afrontar una campaña electoral victoriosa son cada vez más visibles. La firme y clara postura de Henrique Capriles los ha obligado a actuar en forma reactiva y hasta contradictoria en muchas oportunidades. Bien atrás quedaron aquellos momentos en que el líder único de la revolución marcaba la pauta a su antojo, sin posibilidad de ser contrarrestada. Claro está que es la hora de los segundos, de la sargentería, podríamos decir, sin propósito de desmeritar a quienes detentan esos grados militares.

Pero lo que está a la vista no necesita anteojos. Chávez, creyendo que montado en el pedestal del poder tenía suficiente tiempo, nunca se ocupó de formar cuadros que, en algún momento, tuvieran la capacidad y la preparación para reemplazarlo, llegada alguna circunstancia, como la ocurrida. Todos somos mortales y estamos sujetos a que la guadaña venga por nosotros, más temprano o más tarde, pero de que viene, viene… Con esto quiero significar que los herederos del legado político de Chávez tampoco se prepararon para actuar por sí solos, quizás por el temor reverencial que le tenían al comandante o, tal vez, por pereza o comodidad. Además, la personalidad omnipresente y avasallante de quien dirigía, a su leal saber y entender, los destinos de la patria no se los permitía, los inhibía, estaban en su zona de confort, pues. Tenían el mandado hecho.

Por eso resulta evidente, grosero, desproporcionado hasta el hartazgo el uso y abuso de la figura de Chávez con fines de proselitismo electoral. En estos casos, la santificación del caudillo desaparecido va emparejada con la manipulación emocional y sentimental de la gente, sobre todo de sus seguidores, para convertir el culto a la personalidad en una religión laica que les rinda los beneficios deseados. Como muestra de lo que digo, basta con mencionar la decisión de embalsamarlo y mostrarlo al público de manera permanente, sin darle cristiana sepultura, imitando los casos ya reseñados por la prensa de Mao, Lenin, Ho Chi Minh y otros. La diferencia está en la época en que se trata de imitar estas conductas, de suyo muy cuestionadas.

Pero, en fin, estamos en presencia de un totalitarismo tropical made in Cuba, que nada tiene que ver con la idiosincrasia del pueblo venezolano. No siempre trasladar o copiar estos despropósitos rinde los beneficios imaginados, sobre todo en pleno siglo XXI, el siglo de Internet, de las redes sociales, de la revolución de las comunicaciones, en el cual la información, la crítica y la libre opinión vuelan a la velocidad de la luz.

De tal manera que esta elección presidencial sobrevenida estará signada no solamente por el acostumbrado ventajismo y parcialización de las instituciones del Estado, sino, también, por la beatificación, glorificación y exaltación de la figura de Chávez para suplir las insuficiencias y la falta de carisma, liderazgo y ascendencia del candidato oficialista, Nicolás Maduro.  

Simón Alberto Consalvi. Se fue un venezolano de excepción. Un hombre de acerada voluntad que deja una impronta imperecedera de buena ley que la historia se encargará de poner en el sitial de honor que le corresponde. Frescas están en mi mente sus conversaciones llenas de sabiduría, de una profundidad y calado que sólo las mentes privilegiadas tienen. Vivió a plenitud haciendo lo que sabía y creía que debía hacer, con un profundo sentimiento venezolanista y con la firmeza de sus ideas y convicciones. Paz a sus restos.