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Pedro Llorens

Freud lo psicoanalizó convertido en pajarito

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Bigotón aprendió a ser demagogo con el mejor maestro que pudo haber tenido, Corazón de Mi Patria, un caradura de marca mayor que no obstante haber hecho méritos como farsante, en un país relativamente modesto (haciendo méritos lo arruinó), llegó a las portadas de publicaciones reservadas a figuras internacionales, claro que seleccionadas sin juicio de valor: científicos, políticos, artistas, modelos, deportistas destacados o embaucadores compulsivos como él, lo mismo da…

Ahora esas mismas publicaciones utilizan su figura como ejemplo de payaso, mamarracho, ridículo (se obnubilaron con el dinero que repartía y despiertan con el rotundo fracaso de su “revolución”)… pero el Bigotón insiste revisar sus videos y aprenderse sus frases, sus muletillas, sus trucos, oratoria vieja (decrépita), gastada, fracasada, que ya no sorprende a nadie… y menos cuando quien pretende retomarla carece del toque mágico (o trágico) del tracalero cínico, del psicótico, narcisista, maníaco depresivo … que de vez en cuando lo visita en forma de pajarito (mientras se escucha como música de fondo el “me arrulló la viva diana…” del “Alma llanera”).    

Quién quita que en este mundo de necrólatras quien se haya colado, en forma de pajarito, sea el mero padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, que estudió los mecanismos egodefensivos de algunos psicópatas, especialmente la denominada “proyección”, que consiste en atribuir a los demás aquellos rasgos indeseables que padecen ellos mismos… y llamarlos golpistas, derechistas, fascistas, embusteros, tramposos hasta llegar a la afirmación de que “ellos están llenos de odio mientras que nosotros ofrecemos amor”, por ejemplo.   

La sombra de los caudillos anula a sus sucesores, a menos de que estos logren diferenciarse de ellos, y aunque Corazón de Mi Patria llegó solo a caporal, Bigotón está condenado a ser zarandeado en su propio feudo por los factores de poder que inevitablemente surgen cuando quien lo encabeza deja resquicios… y su trayecto no será muy distinto al de aquel joven “masburro” de la Liga Socialista que fue el único de los veinte candidatos enviados a formarse en Cuba que no regresó graduado en algo.

Las segundas partes nunca son buenas, especialmente cuando se convierten en una prolongación de la primera y los encargados de llevarlas a cabo no se atreven a buscar caminos propios… Bigotón corre el riesgo de perder el lugar en que lo ha colocado el azar y quedar atrapado en el desván de la obsolescencia.