• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Mayobre

Fraude económico

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El pasado 24 de enero el Banco Central de Venezuela difundió una nota de prensa titulada “La formación de precios en la coyuntura económica y política de 2013: guerra económica y contraofensiva gubernamental”. En ella revela, por fin, las cifras oficiales de alza de precios y escasez del mes de diciembre, lo que permite calcular la inflación correspondiente al año 2013. Como se sabe, estas fueron de 2,2% para el mes de diciembre y de 56,2% para todo el año.

Independientemente de la credibilidad de las cifras y del largo retardo en su publicación, llama la atención que los indicadores que tradicionalmente se publicaban en un formato estandarizado de dos o tres cuartillas, titulado “Índice de precios al consumidor” y permitían la comparación entre un mes y otro, hayan sido reemplazados por un largo alegato sobre la peculiaridad de la actual coyuntura económica escrito en términos de guerra y cuyo mensaje central es que dadas esas peculiaridades los métodos usados anteriormente para medir el alza de los precios no han sido y no deben ser utilizados. Presumiblemente ahora tendremos que medir los “precios de guerra” y “la escasez de contraofensiva”.

Las metodologías para calcular la inflación que se venían utilizando son el producto de la investigación y el consenso de la mayoría de los países y han sido desarrolladas durante muchos años. Tienen imperfecciones y es posible manipularlas, como se ha hecho en Venezuela durante los últimos años. Pero solo hasta un cierto grado. Si se desea que la manipulación sea mayor, lo que quiere decir que sea descarada, es necesario cambiar el método. Y es eso, precisamente, lo que propone y anuncia la nota del Banco Central.

Como en el caso de la inseguridad, ya no tendremos muertos sino una falsa sensación de peligro. Como en el de las elecciones, no tendremos fraude sino una conspiración subversiva. El alza oficial de los precios será la que dicten las necesidades de la guerra económica. El primer cañonazo lo constituyen los datos correspondientes al pasado diciembre. Contradiciendo la “sensación” del pueblo y de los consumidores, oficialmente la inflación se redujo desde 4,8% en noviembre, similar al promedio del último trimestre, a 2,2%. Milagro que pudiera atribuirse a un aguinaldo navideño, pero que no alcanzó para evitar que Venezuela siga presentando la mayor alza de precios del continente y una de las más altas del mundo

Pero no es tal. El milagro se repetirá, según se anuncia, en los meses sucesivos. Porque como explica el instituto emisor: “Comprometido con la ofensiva económica nacional y con los entes gubernamentales que la ejecutan, el BCV seguirá aportando todas sus capacidades institucionales y su apoyo metodológico a los efectos de construir nuevos indicadores que permitan reflejar, analizar e interpretar la nueva realidad económica y social que vive el país”.

Y añade: “En cuanto al INPC (índice nacional de precios al consumidor), el 2014 será un año propicio para medir aspectos no recogidos con la metodología convencional (…) En conjunción con el INE es conveniente explorar nuevas herramientas que permitan apreciar el impacto social de las actividades del gobierno en el bienestar de la población, para evidenciar el efecto de compensación que ha generado la política social ante las perturbaciones económicas”.

Entre esas compensaciones, agregamos nosotros, probablemente se incluya la satisfacción espiritual que produce el culto a la personalidad del “comandante eterno”, el alivio obtenido al saber que derrotaremos al imperio y el contento de ver a menudo en las pantallas a un presidente Maduro.

Para quienes hemos estado ligados, de una u otra manera, al Banco Central el contenido de la nota de prensa reseñada nos produce vergüenza, estupor y tristeza. No hay espacio, y probablemente no sea oportuno, para comentar todas las barbaridades técnicas que contiene. Lo lamentable es la degradación ética que implica y la confirmación de que los esfuerzos realizados durante más de 70 años para tener una institución de alta capacidad técnica con un personal bien formado corren el riesgo de perderse.

El cambio de metodología para medir hechos que son fácilmente cuantificables, como el alza de los precios, equivale a pretender ocultar la fiebre de un enfermo usando otro termómetro. O, utilizando un cuento legendario, el cambio del sofá que se propone el marido cornudo para evitar que se repita el vergonzoso hecho.

El concurso del BCV y del INE en tan burda maniobra muestra hasta qué grado de deterioro han llegado instituciones que fueron otrora de las más respetables del país. Indican que el fraude no solo es político, moral y electoral sino que el gobierno pretende que haga metástasis en todo el tejido social venezolano. Incluyendo los números.