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Armando Durán

Fracasó Maduro en la OEA

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 1.

No hay espacio en la enormidad del planeta para implantar una dictadura mientras haya libertad de prensa. Así de sencillo.  Por esta razón esencial, Hugo Chávez, al comenzar su segundo período presidencial, le advirtió a sus lugartenientes políticos de que en el marco de la nueva etapa de la revolución que comenzaba entonces, resultaba imperioso extirpar del corazón de los venezolanos las dudas y las medias tintas. Y que la condición imprescindible para alcanzar ese ambicioso objetivo era liquidar el control avasallante de los enemigos del pueblo sobre los medios de comunicación y sustituirlo por una sólida hegemonía comunicacional del régimen. El primer paso de este perverso proyecto totalitario fue sacar del aire a Radio Caracas Televisión y comenzar la construcción multimillonaria de lo que se conoció como Sistema de Medios de Comunicación Públicos, es decir, oficiales, y al servicio exclusivo del régimen y de sus intereses más subalternos. Diez años después, esa desmesurada aspiración de Chávez se ha hecho realidad. Sin necesidad de recurrir al expediente radical aplicado a RCTV en el 2005, sino presionando o simplemente comprando medios, el caso Globovisión, que para eso le sobran dólares y banqueros complacientes. Hoy por hoy, todos los canales de televisión y emisoras de radio están a la orden del régimen.

En esta guerra abierta contra la libertad de expresión, derecho humano tan necesario como el aire que respiramos, quedaban dos escollos por eludir. La insumisión de la prensa escrita y la presencia en Venezuela de los medios internacionales. Sobre todo los audiovisuales, como la colombiana NTN24 y la estadounidense CNN en español. No le bastaba al régimen contaminar a la prensa venezolana con la excluyente visión oficial de la historia. También era necesario silenciar en todo el continente las voces que no propagaran el pensamiento, único por supuesto, del régimen.

2.

A comienzos de febrero estalló en San Cristóbal la crisis que ahora nos coloca, sin remedio aparente, al borde del abismo y de la nada. Y a medida de que en este contexto la vía maligna del control de cambios dejaba a los periódicos insumisos sin papel, la prensa internacional comenzó a registrar los atroces desmanes que cometían las fuerzas militares y paramilitares del gobierno para sofocar las protestas estudiantiles a sangre y fuego. Y así, a fuerza de más y más represión, en pocos días, a pesar del desmantelamiento sistemático de los medios venezolanos independientes, el esfuerzo realizado por Chávez durante 14 años para disimular la verdadera naturaleza absolutista de su revolución, Maduro, a punta de escopetazos a quemarropa, tiros en la cabeza y golpizas a diestra y siniestra sin ningún pudor, le ha ofrecido a un mundo asombrado la cara oscura del régimen.

El primer error, cometido el mismo 12 de febrero, fue hacer uso de armas de fuego para someter las protestas pacíficas de jóvenes estudiantes. Después, sacar del aire, porque me da la gana y eso basta, a NTN24. Para que no siga conspirando contra Venezuela al divulgar detalles de los tres asesinatos del día. No pudo, sin embargo, con la revolución tecnológica, gracias a la cual la empresa colombiana ha podido escurrir el bulto sin dificultad utilizando las redes sociales para informar a cada momento las direcciones de internet en que cada día puede seguirse su señal.

Peor fue el fracaso de Maduro a la hora de intentar hacer otro tanto con CNN en español, señal que llega a Venezuela como parte de un amplio paquete de televisoras de entretenimiento y elevada audiencia. Sacar del aire este canal de noticia implica hacer lo mismo con los otros canales del paquete. Misión imposible. Así que Maduro tuvo que morder el duro freno de la derrota y resignarse rabiosamente a dejar que CNN en español continuara con sus transmisiones.  El efecto de esta suma de torpezas fue enajenar a la comunidad internacional, atendida con sumo esmero por Chávez mientras estuvo vivo, y dejar al descubierto las auténticas señas de identidad del régimen: represión y censura de prensa.

3.

Sin embargo, aún faltaba el desastre mayor. El innecesario pleito de Maduro con el gobierno de Panamá llevó al presidente Ricardo Martinelli a ofrecerle a María Corina Machado la silla de su país en el Consejo Permanente de la OEA, el día 21 de marzo, fecha prevista para analizar en plenaria la grave situación política de Venezuela.

Naturalmente, en Miraflores se dispararon todas las alarmas. La OEA, creada en 1948 para institucionalizar el Pacto de Río firmado el año anterior dentro del marco de la naciente guerra fría con el objetivo de impedir que el comunismo se introdujera en este continente, hace mucho dejó de ser aquel “ministerio de colonias” de Washington. Con los gobiernos de Leonidas Breschnev y Mijail Gorbachov se fue apagando la siniestra guerra clandestina entre Washington y Moscú, hasta que en noviembre de 1989 se derrumbó el emblemático Muro de Berlín. Se inicio ese invierno un nuevo y amable paisaje universal, pero el atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001 alteró todos los equilibrios. George W. Bush se hundió en el mayor de los desconciertos, y le dio la espalda por completo a las relaciones de Estados Unidos con el sur del continente, un tema para él, en medio de su guerra contra el terrorismo islámico, el mal bíblico, resultaba insignificante.

Chávez aprovechó a fondo este traspié de la Casa Blanca para impulsar su política internacional para América Latina y el resto del Tercer Mundo. Con la riqueza petrolera de Venezuela y el carácter carismático de su liderazgo, pacientemente, fue construyendo una sólida alianza de países “amigos” en la región. Y con esos votos, suficientes para dominar los debates el voto en todas las organizaciones regionales, incluso en la OEA, de pronto se encontró en condiciones de influir decisivamente en la organización, como acaba de hacer ahora para amordazar a María Corina Machado.

Sin duda, esta suerte de imperialismo al revés armado por el chavismo con los petrodólares venezolanos y otras golosinas, tuvo este éxito inicial. De ningún modo iba a permitir que Machado utilizara la caja de resonancia de la OEA para denunciar la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela y la necesidad de aplicarle al gobierno Maduro la Carta Democrática. Pero a pesar de la abierta complicidad de gobiernos como los de Nicaragua, Argentina y Brasil, más los diminutos pero muy numerosos beneficiarios caribeños de Petrocaribe, en esta votación también sufrió Venezuela su primera derrota del día, perfectamente achacable a la insuficiencia del canciller Elías Jaua y a la arrogancia desdeñosa del tránsfuga Roy Chaderton con sus colegas embajadores. De tal modo, que Maduro no consiguió que gobiernos supuestamente “amigos” del suyo, como Chile, Colombia y México, se sumaran a la propuesta canalla de Nicaragua. Como bien señaló la representante de Michelle Bachellet ante la OEA, para ellos, “la transparencia democrática exige que los problemas de la democracia se ventilen en público.”

La segunda y contundente derrota del día fue que a pesar de la censura aplicada por la OEA a Machado, la diputada independiente pudo hacerse escuchar gracias a la amplísima cobertura informativa que disfrutó, precisamente, gracias a la maniobra venezolana para impedirle hablar ante el Consejo Permanente, otra torpe jugarreta de Maduro que le garantizó a Machado que su rueda de prensa fuera un éxito rotundo. Sin aspavientos, sin agredir ni ofender a nadie, haciendo gala de un equilibrio político y emocional más que envidiable, Machado aprovechó el error de Maduro para dejar bien claro, y ya sin ninguna duda razonable, que el gobierno de Maduro es lo que es. Una vulgar dictadura militar. Nada más. Tremendo fracaso diplomático y de comunicación de Maduro.