• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

Fotografía, poesía y silencio

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Entre las muchas variables que el fenómeno de la fotografía ha despertado en los últimos años, una de las más complejas y determinantes ha sido la dinamización que la ha trasladado del espacio de la representación hasta la ebullición figurada de miles de reproducciones en lugares inimaginables. La imagen fotográfica navega hoy en día en una meta data incansable, virtual, visible y ausente; sonoridad cambiante alimentada por la telefonía móvil y por otras estrategias incansables de autorrepresentación y registro. En estos lugares reina la velocidad, el instante, el acompañamiento efímero, el “like”, el “me gusta”, el “retweet”.

En este contexto resulta difícil y hasta curioso encontrar espacios en los que la fotografía destaque como producto artístico, como metáfora de un pensamiento, como tejedura de una sensibilidad especial. Hay que buscar mucho para encontrar una forma trabajada con ahínco, para enfrentarse con un intercambio verídico entre el sujeto creador, los modos de producción y el entorno. Algunos campos de la imagen necesitan proceso, demandan el espacio visual de un diálogo, de una narrativa sostenida que brinde la posibilidad inigualable de ese encuentro inadvertido que conducirá hacia la multiplicación del relato.

Toda esta reflexión surge a partir de una muestra que se presenta desde mediados del mes de mayo en la sala 10 y 11 del edificio Neoclásico del Museo de Bellas Artes. La exhibición lleva por título Más allá de las sombras y en ella se reúnen cuarenta imágenes que desde finales de los años noventa hasta la actualidad ha desarrollado el fotógrafo Efraín Vivas.

Artista consecuente y viajero incansable de múltiples territorios, Vivas siempre se ha sumergido en una estrategia de captura con la que intenta desarticular y suspender las emanaciones desprendidas de esos pequeños rastros poéticos que anidan en los vericuetos de un paisaje tan privativo como universal.

En esta oportunidad todas las imágenes presentadas provienen de la fotografía analógica. El artista trabajó en película de 35 milímetros utilizando en algunos casos la película infrarroja. Posteriormente los negativos fueron digitalizados en scanner de tambor Imacon para luego imprimirlos en vistas panorámicas mediante Giclée en papel de algodón, táctica que colabora en la reconstrucción amplia de esa profundidad táctil o tercera superficie que brinda la fotografía analógica frente a las dos dimensiones de lo digital. El blanco y negro fue la constante que le permitió la unión de todos los elementos, disposición reflexiva de un “más allá de las sombras” que no solo se despliega sobre la propia alegoría de su contenido, sino también sobre las confusas maniobras reproductivas de la fotografía reciente.

Frente a las imágenes de esta muestra no queda más que detenerse y escuchar. Del silencio suspenso de cada una de sus tramas se desprende un susurro que penetra en la mirada del espectador: vida y muerte, pertenencia y exilio, atmósfera y terruño, presencia y ausencia. La exhibición de un atisbo particular ha sido extendida por el fotógrafo hacia el tránsito de una imagen nutrida por las espesuras de diferentes lapsos, períodos en los que la metáfora logró brotar desde las zanjas vitales de una herida consolidada y dispuesta.  Así, Vivas ha desviado los cambios documentales y las texturas del territorio para entregarnos una vida en movimiento enganchada por la cámara, hincada en el negativo, esparcida en los contrastes y penetrada por el enlace crucial del tiempo.