• Caracas (Venezuela)

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Alberto Quirós Corradi

Fin de fiesta

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Nicolás Maduro y sus cómplices no han calculado bien las cuentas del país, que es como decir las de ellos. Lo cierto es que de ahora en adelante, y casi de raíz, cesarán ciertas prácticas corruptas que tienen a la nación al borde de la quiebra.

Las marchas a favor o en contra sobre asuntos nacionales, pagadas por el régimen a los asistentes para garantizar su presencia en actos oficialistas, serán cada día menos frecuentes y poco concurridas.

Los viajes al exterior de altos funcionarios del régimen, casi todos, hasta ahora, para hacer turismo y adquirir ropa costosa de marca se reducirá notablemente e igualmente se disminuirá el número exagerado de las comitivas.

Al sector público se le disminuirá su tamaño. Los asesores revolucionarios emigrarán a otros países para disfrutar lo mal gastado.

Los bolichicos, las bolichicas y los funcionarios públicos pondrán a buen resguardo sus joyas y relojes de miles de dólares. Se reducirá por tanto el exhibicionismo impúdico de hoy.

Se reestructurará la administración pública, eliminando y fusionando ministerios y se descargará a Pdvsa de todo lo que no es petróleo.

Se renegociarán todo los convenios petroleros que incluyen subsidios y descuentos y se cobrará alguna parte de la deuda que tienen actualmente con Pdvsa.

Se hará silenciosamente una auditoría financiera y operativa de Pdvsa, empresas de Guayana, el sector eléctrico, Fondo financiero, importación de alimentos y bienes y servicios. Probablemente no se hallarán culpables por el desastre que se encontrará, pero por lo menos, se reducirá la corrupción, la improvisación y la mala gerencia.

Se revisará con criterio técnico el presupuesto nacional y se reducirá al mínimo los gastos no programados.

La unificación cambiaria, el control de precios y el aumento de la gasolina no podrán desarrollarse en forma aislada, deberán formar parte de un plan que incluya las recomendaciones ya dadas, la reestructuración del BCV, la reducción de la liquidez monetaria, dejar de imprimir bolívares sin respaldo y el diseño de planes sociales que neutralicen el impacto negativo que tendrán estas medidas sobre los que menos tienen.

Se analizará el costo beneficio de nuestro servicio exterior, embajadas, consulados, Unasur, Mercosur, etc.

Se nombrará una comisión de altísimo nivel profesional para que estudie y proponga recomendaciones sobre el sistema educativo en todos sus niveles. La meta principal se enfocará en disminuir la exclusión y la deserción escolar, construir nuevas escuelas, mejorar la infraestructura de nuestras destartaladas escuelas públicas y modernizar las estrategias pedagógicas. Se le dará prioridad al sector de investigación científico y se promoverán planes de desarrollo para la modernización del país.

Se evaluará y se reestructurará al sistema social: seguros y pensiones, ley del trabajo.

Se urbanizará el agro y nuestras fronteras. Pasaremos de una agricultura de subsistencia a la industrialización de los productos de la tierra.

Por último, aunque quede mucho por fuera, algunas recomendaciones para el señor Maduro: Hágase menos visible. Deje que los ministros y presidentes de empresas de estado informen a la ciudadanía. No hable por televisión todos los días, usted se cansa y cansa al público. No insulte a nadie. Usted no tiene derecho a acusar al ciudadano de criminal, ladrón, terrorista, etc, sin que hayan sido investigados y sometidos a juicio. No trate de hacerse el simpático. Usted no lo es ni podrá serlo.

No hable todo el tiempo de “pueblo”. Lo que queremos en Venezuela son ciudadanos respetuosos de las leyes, trabajadores productivos, empresarios modernos, sindicatos responsables. Si no le gusta el sector privado simplemente no lo mencione pero no le desacredite ni lo insulte ni descalifique a sus dirigentes. Aunque el señor Maduro no lo crea, él podría aprender mucho de alguien como Jorge Roig que ha pasado por los vericuetos de la política y del empresariado.

PD: Hoy amanecí con ganas de perder el tiempo dándole algunas ideas a los ineptos que nos gobiernan con la vana esperanza de rescatar algo del futuro.