• Caracas (Venezuela)

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Miguel Ángel Cardozo

Que así no sea

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Ante la falta de promoción de una auténtica organización de la ciudadanía del país, para el ejercicio en las calles de su capital de una –pacífica– presión de envergadura tal que en el muy corto plazo y por vías constitucionales conduzca al cese del delincuencial régimen que lo azota, está ocurriendo justo lo que quien esta columna escribe y tantos otros no desean, esto es, el surgimiento por doquier de espontáneas, sí, pero caóticas reacciones populares a la dramática situación inducida por la implementación a sangre y fuego de un nefasto modelo.

Indeseadas reacciones, sin duda, por las terribles consecuencias que su escalada podría acarrear, aunque no sorprendentes dadas la miopía y la indecisión que, como defectos incluso de bienintencionadas almas, han permitido que otras –que claramente no lo son– sigan devastando a la nación e incrementando las penurias de sus habitantes.

En todo caso, nada bueno se vislumbra con una tiranía en cuyo seno la criminalidad y la locura se han convertido en los denominadores comunes, con una parte de la “dirigencia” opositora utilizando la capacidad de influencia que todavía posee en el impulso de fragmentadas iniciativas que forman parte de agendas personalistas, y con un pueblo guiado por esa peligrosa desesperación que solo las peores carencias son capaces de originar.

Pero como el futuro no es el resultado de un indefectible sino, aún puede ese pueblo abrir y transitar el camino que lo lleve a su bienestar sin los traumas que otros recorridos le pueden ocasionar, aunque para ello, por la patente ausencia de líderes de la talla de aquellos colosos que en diversas épocas y lugares iluminaron emancipadoras sendas, está obligado a acometer la más difícil de las empresas: la autoorganización.

Teme este servidor, no obstante, que caigan sus palabras en saco roto y que lo que ahora preocupa sea mañana el luctuoso motivo de una pena tan intensa que ni el justo castigo a sus causantes, a aquellos infames traficantes del caos y de la muerte, podrá mitigarla.

Ojalá y no sea esto más que un error de apreciación en un momento de debilidad; en un instante de pasajero pesimismo.