• Caracas (Venezuela)

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Antonio Sánchez García

Fernando Gerbasi

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Quisiera que alguna autoridad nos diera una elemental explicación de los absurdos, inexplicables y violatorios motivos de ponerlo en la mira de la persecución y el acorralamiento de su policía política. Es no sólo un despropósito, sino una brutal violación a los más elementales derechos que le asisten y nos asisten a vivir en paz en la Patria a la que le ha y le hemos dedicado todos nuestros desvelos. Donde quiera que se encuentre, sufriendo este insoportable mal rato, vaya nuestro afecto, nuestro respeto, nuestra admiración y nuestro cariño. Su sino es la Libertad. Como el del lirismo de su padre
 Nos conocimos en mayor cercanía durante una visita protocolar al Brasil con ocasión de la transmisión de mando de Fernando Collor de Mello. No me fue difícil constatar de inmediato el perfil del gran diplomático con que ha distinguido su larga y fructífera carrera profesional. Culto, educado, amable y distinguido no podía menos que dejar muy en alto a la Patria que su padre venerara y a la que le dedicara, como él, todos sus anhelos, todos sus empeños y esa grandeza de lirismo que lo distinguió en vida como uno de los más grandes poetas de la contemporaneidad venezolana.

Estaba, sin duda, a las alturas de Vicente Gerbasi. Un venezolano que unió a su gran talento creador una verdadera pasión por el país, que acogiera a su estirpe con la generosidad, con la calidez, con la grandeza con que acoge a quienes se acercan a abrevar de sus aguas. Un hombre que llegó a entretejer su obra poética con la andadura de nuestra democracia a tales profundidades, que es imposible recorrer sus paisajes de lirismo sin amar entrañablemente a sus riscos, sus llanos, sus montañas, sus playas, sus hombres trashumantes. Sus afanes libertarios.

Fernando ha debido ser uno de sus orgullos de padre venezolano. Acogió la carrera diplomática con tanta pasión, con tanta dedicación y estudio, que bien puede ser considerado uno de los diplomáticos más exitosos de la Venezuela democrática y un bien de nuestro reservorio político, en su más amplia expresión. Para estos tiempos de turbulencias que nos amenazan.

Ya fuera en Brasilia, en Berlín Este, en Bogotá, en Roma o en donde quiera ha cumplido sus labores diplomáticas, nadie pudo haber dejado a mejor altura y en mayor honra el prestigio de Venezuela. Su Patria. Mi Patria. Y en un extraño giro del destino quiso la vida que, juntos con otros grandes venezolanos como Pompeyo Márquez – mi padre venezolano -, Américo Martín, Trino Márquez – que un día fuera mi alumno en la Escuela de Filosofía de la UCV – y otros honorables demócratas venezolanos siguiéramos la andadura de Antonio Ledezma. Uno de los más preparados y trascendentes líderes del momento al que hemos tenido el honor de acompañar.

En esos encuentros pude apreciar el talante, la bonhomía, la inteligencia y la inmensa discreción, templanza y equilibrio de sus intervenciones. Siempre mesurado, equilibrado, distante de cualquier desmesura, de cualquier extravío, de cualquier exceso. Como corresponde a un diplomático que une a sus dotes de savoir faire una aguda y asertiva inteligencia política. Y una gran cultura.
 
Nos une el amor por la música, que en el él y su esposa Irene alcanzan ribetes de fanatismo. Y a cuyo disfrute no escatiman esfuerzos. Amén de ese gusto por la gran música popular que compartimos como en familia.

Quisiera que alguna autoridad nos diera una elemental explicación de los absurdos y delirantes motivos de ponerlo en la mira de la persecución y el acorralamiento de su policía política. Haciendo uso, incluso, de información falsa y amañada. Es no sólo un despropósito, sino una brutal violación a los más elementales derechos que le asisten y nos asisten a vivir en paz en la Patria a la que le ha y le hemos dedicado todos nuestros desvelos. Donde quiera que se encuentre, sufriendo este insoportable mal rato, vaya nuestro afecto, nuestro respeto y nuestro cariño. Su sino es la Libertad. Como el del lirismo de su padre.