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Luis Alberto Bracho

La Feria del Libro celebró la diferencia

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El domingo 18 de junio, en la Ciudad de Mérida, se respiraba todavía la presión que acompaña los preparativos de un evento internacional. Las localidades estaban listas, los estantes montados, el transporte preparado, los pendones plasmando toda la información, los organizadores afinando los últimos detalles para que todo esté listo el día de la inauguración. Sin embargo, nunca faltan las contingencias de última hora, que si la lluvia impide montar las pancartas de bienvenida, que si el paso del Vigía a Mérida está bloqueado, si la publicidad que se montó en la ruta del Páramo el viento se la llevó, que al amigo del pueblo de Misteque no se le avisó... Pero todo ello se disipa el 19 de junio, cuando organizadores, autoridades, invitados, literatos, poetas nacionales e internacionales y público en general, convergen en el Centro de Convenciones Mucumbarila de la Ciudad de Mérida para inaugurar la XVIII Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2015.

En este evento reinó la diversidad en todas sus tonalidades y expresiones, multiplicidad que se evidenció desde los numerosos Stan que bañaron de alegría a los visitantes que se pasearon por la sala de exposición de libros y artesanía hasta los distintos espacios donde se realizaron las presentaciones de libros, la lectura de poesía y los conversatorios. En esta atmósfera se generó un ambiente cultural y de disfrute que espantó todo vicio de radicalismo estéril. Esta pluralidad y respeto a la diferencia se manifestó desde la misma base de la organización de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), me refiero a que lograron trabajar conjuntamente Pausides Reyes, Director de la Fundación para el Desarrollo Cultural del estado Mérida (Fundecem) y José Antonio Rivas Leone, Director del Consejo de Publicaciones de la ULA y Coordinador General de la FILU. Esta sinergia suscito una programación diversa y rica en alternativas culturales, en el sentido que se realizaron en diferentes localidades seminarios, foros, conversatorios, exposiciones, recitales de poesía, el bautizo de las recientes publicaciones del Fondo Editorial de Fundecem y del Fondo Editorial de la Dirección de Cultura y Extensión de la Universidad de los Andes… Pero también, se les rindió un homenaje a ocho reconocidos venezolanos como lo fueron José Manuel Briceño Guerrero, Ramón Palomares, Pedro León Zapata, Carlos Chalbaud Zerpa, Jacinto Convit, Oswaldo Vigas, Simón Díaz, Armando Rojas Guardia, entre otros. Es necesario resaltar que para el homenaje a Armando Rojas Guardia y para el conversatorio sobre el grupo Tráfico, se estableció un trabajo cooperativo entre el Director de Cultura de la ULA, Mauricio Navia, y el Director de Fundecem, Pausides Reyes.  

Son muchas las actividades en las cuales me podría detener a comentarlas, por ejemplo, en el I Seminario Colombo- Venezolano de Poesía que se realizó en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario, fue un placer ver la energía, simpatía y sinceridad que desbordaba el colombiano Elmo Valencia, poeta nadaísta, que a sus casi 90 años rebosa de vida. Su poesía y sus intervenciones no dejaban de asombrar a los presentes, es un espíritu irreverente lleno de convicciones, las cuales defiende a capa y espada. Adicionalmente, las presentaciones de los poetas colombianos (Álvaro Miranda, Zabier Hernández, Andrés Uribe Botero, Duván Carvajal, Angye Gaona) no dejaron de ser interesantes, con una cadencia particular y cargadas de cotidianidad. Asimismo, puedo resaltar el homenaje que se realizó a estos venezolanos insignes personajes con largas trayectorias literarias, artísticas, conservacionistas y científicas, los cuales son reconocidos en la vida cotidiana de Mérida y a nivel nacional. Sin embargo, quiero hacer referencia a dos de los homenajeados. En efecto, todos estos actos de reconocimiento fueron una experiencia llena de anécdotas, sentimentalidad y de hermenéuticas que renuevan los planteamientos y la visión de estas personas de las letras, las artes y las ciencias. Por una parte, es menester destacar que Carlos Chalbaud Zerpa fue una persona que hizo mucho por Mérida, fue un conservacionista y alpinista consumado, impulsó y defendió la construcción del Teleférico de Mérida, desarrolló el proyecto de llenar la ciudad de parques y estatuas; trabajó arduamente para desarrollar el potencial turístico de Mérida, promovió la “Semana de Mérida” para darla a conocer a nivel nacional, además, escribió 5 libros dedicados al turismo de esta región andina.

Por otra parte, el homenaje a Armando Rojas Guardia estuvo cargado de emotividad y admiración, fue un reconocimiento merecido por su trayectoria como poeta y ensayista, pero también, porque ha sabido cultivar la amistad con afecto y lealtad. Se trató de un acto en dos tiempos, un primer movimiento que consistió en el conversatorio sobre el grupo Tráfico, el cual fungió como telón de fondo, donde tomamos la palabra Jonatan Alzuru, Ernesto Pineda y Luis Alberto Bracho, donde se habló sobre la presencia, las influencias, los aciertos y desaciertos de este grupo poético. Seguidamente, el preámbulo que marcó el final del primer momento, fue la presentación que hace Gonzalo Ramírez del poemario “Campana en el fondo del río” de Miguel Márquez; para terminar, el poeta hace una lectura de algunos poemas creando el ambiente propicio para el segundo acto. En esta atmósfera de sensibilidad y emoción irrumpe Diomedes Cordero para presentar a los poetas que entonarán sus cantos: Harold Alvarado Tenorio (Colombia), Jesús Montoya, Luis Moreno Villamediana y el propio Armando Rojas Guardia. Se suscitan los poemas uno tras otro hasta llegar a la figura emocionada y transfigurada de Rojas Guardia, quien entona con voz conmovida algunos de sus poemas. Finalmente, sus amigos rodean la humilde figura, Alberto Márquez, Luisa Helena Calcaño, Gonzalo Ramírez, Miguel Márquez, Alejandro Sebastiani y Rafael Castillo Zapata (en voz de Pausides Reyes); cada uno le canta y lo va abrigando como si la noche y el frío de golpe lo sorprendieran. 

 

*Alex Fergusson. Coordinador de A Tres Manos