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Juan Barreto

Feminismo en el primer ejército rojo de Europa

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Constance Markievicz, feminista, nacionalista irlandesa y revolucionaria. Venida al mundo como Constance Gore-Booth en la Irlanda ocupada por los británicos, comienza su vida política al apoyar entusiastamente el movimiento sufragista de las mujeres inglesas (National Union of Women’s Suffrage Societies). A principios del siglo XX, Constance regresa a Irlanda y se radica en Dublín. En 1903, se adhiere al grupo feminista y nacionalista denominado Mujeres de Irlanda, y en 1908 se une al recién creado Sinn Fein Republicano, en el que ocupa el puesto de responsable de las juventudes de la Hermandad Republicana Irlandesa.

Es detenida en 1911 por manifestar contra la visita del rey Jorge V. Participa de manera activa en una huelga general y se enrola en el grupo armado republicano, izquierdista y obrero, que años después devendría en lo que conocemos como el Ejército Republicano Irlandés (IRA), del que fue una de sus principales dirigentes.

El Ejército Ciudadano Irlandés fue, según Vladimir Ilich Lenin, el primer ejército rojo de Europa. Nació en noviembre de 1913 por iniciativa de Jim Larkin y Jack White, con la intención de ser una milicia obrera para la autodefensa, y tuvo como último objetivo la independencia de Irlanda con vistas a una república socialista.

En 1916 se produce el Alzamiento de Pascua, con el que Irlanda inicia el camino hacia su independencia. El Ejército Ciudadano Irlandés amenazaba con empezar la revuelta de manera unilateral. Llegaron a un acuerdo con todas las fuerzas del nacionalismo irlandés para iniciar un levantamiento unitario hacia finales de abril. Si bien el Ejército Ciudadano Irlandés sólo contaba con aproximadamente 300 miembros en sus filas –hombres y mujeres por igual–, jugó un papel muy destacable en este alzamiento.

Fue la primera mujer oficial de un ejército moderno: durante el Alzamiento de Pascua ocupó el cargo de subcomandante y dirigió la brigada femenina que, en las condiciones de la lucha irlandesa, tenía un papel probablemente más importante que la de los hombres. Dedicada en un principio a la asistencia sanitaria de los heridos, pasó a tomar directamente las armas en la insurrección.

Se destacó sobre todo en su participación en los combates como francotiradora. Luego del fracaso del alzamiento, fue detenida e internada en la cárcel dublinesa de Kilmainham junto a 3.500 hombres y 79 mujeres. En ésta, le tocó ser testigo de la ejecución de 15 líderes de la revuelta. Ella fue condenada a muerte, pero su pena fue conmutada por cadena perpetua, ya que aquella no podía aplicarse a las mujeres. Se cuenta que dirigió a la Corte Marcial una frase que muestra su entereza: “Ustedes ni siquiera han tenido la decencia de fusilarme”.

Es liberada a raíz de una amnistía general decretada por el gobierno británico. En abril de 1919 fue nombrada ministra de Trabajo en el gobierno revolucionario de Éamon de Valera. Opuesta al tratado por el que se dividía en dos el país y el rey de Gran Bretaña continuaba ostentando la jefatura del Estado, apoyó activamente al IRA y a los “antitratado” en la Guerra Civil.

En 1923 fue reelegida parlamentaria, aunque rechazó una vez más tomar su escaño por negarse a reconocer el llamado Estado Libre Irlandés. Había llegado a ser una socialista convencida, hasta afirmar: “El nacionalismo por sí mismo no es la respuesta (como vía de solución a los problemas de la clase obrera irlandesa) pues las mismas condiciones existen en Inglaterra, aunque mucho menos extendidas. El socialismo, en cambio, al promover la igualdad absoluta, va de la mano tanto con las exigencias del movimiento obrero como con las cuestiones de la liberación femenina”.