• Caracas (Venezuela)

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Claudia Buscema

Feliz comienzo

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Cuando pienso en la Semana Santa me viene a la mente la preparación del atleta para participar en un Maratón; debe prepararse física y mentalmente, ejercitarse a diario por horas, en aumento, cuidar de su alimentación, zapatos, descanso, hasta llegar al gran día. No importa en qué lugar llegue, tal vez en su entrenamiento haga un mejor tiempo, y aunque seguramente no llegará entre los primeros en el primer intento, esa preparación marcará el camino para los próximos. Así me pasa con la Cuaresma, que comienza el Miércoles de Ceniza, en el que se nos recuerda "polvo eres y en polvo te convertirás ". Comenzamos con esa afirmación que nos aclara lo efímero que es esta vida a la cual le damos tanta importancia, y llegan viernes de ayuno, de abstinencias, de vía crusis, recordando esos 40 días de Jesús en el desierto de tentaciones, de meditación, de silencio.

En esos 40 días de preparación deberíamos guardarnos en meditación o silencio, ese hablar poco y observar más, no convertirnos en un "relleno" de palabras para no aburrir, sino en una plenitud de sensaciones y emociones de búsqueda de examinar qué sientes y por qué, sin tratar de convencer a nadie, sólo callar, escuchar a Jesús en cada hermana pidiéndote amor o dándote amor.

Ayuno: es cierto que el ayuno limpia y aligera el cuerpo, purifica el alma, pero el ayuno que agrada más a Dios creo que es el ayuno interno, el ayuno de juicios, de improperios, de ataques, de amenazas, de defensas, es ese aquí estoy "hágase en mi tu santa palabra".

La caridad: no es la limosna que nos sobra sino la que no tienes, es tratar de dar eso que no tienes, que te falta, esa sonrisa al no te agrada, la paciencia que no tienes, la humildad que no prácticas, la palabra a quien la necesita, eso es dar de comer al hambriento y beber al sediento, no sólo de pan y de vino sino de afecto, de amor, de tolerancia es ver en aquel que no te agrada a Jesús sucio y harapiento, es verlo a Él en cada uno.

La oración aquí llega la escalada final de la Cuaresma de ese camino de fuertes subidas y rígidas bajadas que es la vida que queremos alcanzar en Dios, es la intimidad con Dios, la comunicación de corazón a corazón, la "plenitud ". A través de la oración interior continua, "Señor ten misericordia de mí", se enciende esa luz de la presencia de Jesús en el sagrario, es convertirte en templo viviente en sagrario vivo. Es allí a través de la oración donde el Ser se ilumina recuerda quien es de donde viene.

La Cuaresma concluye en la Pascua pero ya no es un día, es una eternidad donde el alma se funde con la esencia de su padre, y no son ya 40 días ni 90 años, el tiempo deja de existir, ya no es el Domingo de Resurrección, es una nueva vida en Cristo, donde no hay primer lugar, no último, no hay pasado ni mañana, sólo hay hoy. Es dejarte ir, entregarte y fundirte en Él . ¡Feliz comienzo!

Clabus64 @hotmail.com