• Caracas (Venezuela)

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Mauricio Palacios

¿Feliz año?

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En un discurso presidencial, de tantos, escuché alguna vez al presidente Nicolás Maduro hablar de historia. De la consabida y manipulada historia de la época independentista en Venezuela; concretamente hablaba de 1814. Hace 200 años. El año en que Boves desató una furia genocida sobre Venezuela. El presidente justificaba esto como una “acción justa pero no dirigida”.

Estamos en 2015. Desde hace más de quince años este gobierno ha desatado todos los demonios y maleficios que provienen más del odio sanguinario y destructor de Boves que cualquier otra forma de ideología.

No me atrevo a decir feliz año. No me atrevo a indicar esperanza. Porque lo que viene y lo que está no indica ni esperanza ni felicidad. Es la destrucción de un país.

En latitudes distantes ya se vio esto. Me explicaré. En Vietnam, el Vietcom dirigido por Ho Chi Ming, inició una revolución comunista, y esto llevó a la conocida guerra de Vietnam. Triunfó el comunismo.

Hoy en día es sabido que en Vietnam operan fábricas esclavistas, donde multinacionales que requieren mano de obra barata tienen sus sedes con trabajadores que sobreviven con sueldos miserables. Lo que no conquistaron los marines, lo conquistaron las mismas directivas del Vietcom. ¿Querían esclavos para la fábrica de la globalización? Tomen sus esclavos.

En la misma región asiática, Camboya ofrece otra historia similar, mucho más brutal, también. Los Khemer Rouge o los Jémeres Rojos cometieron un genocidio contra los propios jémeres, su etnia, la predominante en Camboya. Fue un genocidio contra la propia clase letrada de su país. Saber francés, ser católico o estar alfabetizado era suficiente para ser considerado un enemigo de la revolución. Claro estaba, necesitaban acabar primero con los sectores instruidos, con los sectores estudiados y que no permitirían la implantación del tercermundismo de facto en Camboya. Destruidos estos sectores, ahora Camboya comparte el mismo destino que Vietnam, y es un paraíso esclavista, donde los trabajadores laboran como burros para las multinacionales, incluyendo menores de edad.

La “revolución bolivariana” nace del resentimiento, y obedece a oscuros intereses empeñados en tercermundizar a Venezuela, embruteciendo y resintiendo a sus clases populares y, de paso, destrozar a sus clases medias hasta llevarlas a la ruina, acabar con los estándares de vida, generar una fuga de cerebros e individuos capacitados y acostumbrar a todos los venezolanos a lo malo, a lo mediocre, a lo bajo, a lo ruin. A los asesinatos, al abuso estatal, a las colas por papel tualé y comida, a la escasez, a la impunidad, a la vulgaridad y al descaro más absurdo.

El año que viene no tiene por qué ser feliz. El año que pasó fue terrible para el país. En quince años llegamos a esto. La historia toma largas distancias para mostrar su peor rostro. Pilas. Nuestros nietos podrían representar imágenes dantescas; la adoración del Comandante Supremo, en templos de cartón y zinc, al mejor estilo de las imágenes que ya hoy en día se ven a orillas del Ganges.