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Héctor Faúndez

Felipe Cuevas y PJ

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En Venezuela, las detenciones arbitrarias, en violación de la Constitución y las leyes, ya son parte de una práctica generalizada que no nos sorprende; hace una semana le tocó el turno a Felipe Cuevas. Si no fuera porque se trataba de un chileno, presidente de las juventudes de la Unión Demócrata Independiente de Chile, cuya detención ilegal y arbitraria estuvo a punto de generar un nuevo conflicto internacional para el Gobierno venezolano, ese hecho no sería más que parte de las estadísticas.

Felipe Cuevas fue detenido cuando, junto con algunos dirigentes de Primero Justicia, se disponía a visitar a Sairam Rivas y a otros estudiantes venezolanos presos en los cuarteles del Sebin. Para justificar su detención, las autoridades venezolanas indicaron que Cuevas estaba tomando fotografías en un lugar no autorizado, lo cual fue desmentido por éste. Pero ya estamos advertidos; para tomar una simple fotografía, ya sea de las instalaciones del SEBIN, de la morgue de Bello Monte, o de los anaqueles vacíos de un supermercado cualquiera, hay que pedir permiso.

Lo que hace el Sebin es un asunto de legítimo interés público, del mismo modo como lo es conocer la sede desde la cual opera y el tamaño de sus instalaciones. Ese interés público es aún mayor si allí permanecen detenidos varios estudiantes venezolanos que han cometido el delito de salir a la calle a defender su futuro y el de la democracia venezolana. Pero este Gobierno no desea que se sepa qué es lo que está ocurriendo en los cuarteles del Sebin, del mismo modo como no desea que se conozca cuál es el monto de los regalos a los países de la Alba, cuánto dinero entregó Cadivi a empresas de maletín, o cuáles son los nexos de algunos funcionarios del Estado con el narcotráfico.

No hay que buscar pretextos para una detención arbitraria más, que refleja el rostro dictatorial de este gobierno. Cualquiera que sea su nacionalidad y su posición ideológica, Felipe Cuevas tenía derecho a interesarse por la suerte de los estudiantes venezolanos detenidos.

Pero, dicho lo anterior, la presencia de Cuevas en Venezuela tampoco es un motivo de orgullo para quienes le invitaron a visitar el país. Al momento de ser detenido, Cuevas estaba acompañado de dirigentes de Primero Justicia, que no tienen por qué explicar con quiénes se reúnen y por qué lo hacen. Pero, quienes nos oponemos a la aventura fascista de quienes hoy ejercen el poder, tenemos derecho a deslindar nuestras responsabilidades de quienes eligen como compañeros de viaje a aquellos que no tienen autoridad moral para hablar de democracia.

La Unión Demócrata Independiente fue el sostén ideológico de la dictadura de Augusto Pinochet, con quien compartió la responsabilidad de gobernar sin el consentimiento ciudadano. Seguramente, Cuevas estaba muy pequeño para recordar que, durante ese régimen, no solamente se detuvo arbitrariamente a más de alguien por el simple hecho de tomar fotografías, sino que se torturó y asesinó a miles de personas. Como sus primeras medidas, ese régimen, que contó con el apoyo decidido de la UDI, prohibió los partidos políticos y los sindicatos, cerró medios de comunicación social y mantuvo el estado de sitio durante 16 años. El señor Cuevas es libre de reivindicarlo y defenderlo como un modelo de gestión “exitoso”; pero ese no es el tipo de sociedad que queremos para ningún país.

Primero Justicia tiene todo el derecho de elegir con quien anda; pero, teniendo a la vista a quienes son sus referentes, nosotros tenemos derecho a pedirle que nos aclare cuál es el modelo de gobierno que le ofrece a los venezolanos como alternativa al proyecto chavista. El mío es el de un gobierno democrático, basado en el respeto de los derechos humanos.