• Caracas (Venezuela)

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Cuando me disponía a garrapatear estas líneas tenía en mente La Sagrada Familia, libelo escrito a cuatro manos por Friedrich Engels y Karl Marx, en 1848, cuyo título, considerado “atractivo y epigramático” por el editor, amparaba lo que se conoce como Critica de la crítica crítica, me inspiró una paráfrasis (Oposición a la oposición de la oposición) a partir de la cual tal vez podía urdir una refutación a ciertas posturas que, en el mejor de los casos, parecen distanciarse de la hoja de ruta diseñada por la MUD en lo relativo a la participación en los procesos electorales por venir y, en el peor, la combaten abiertamente con comentarios que cuestionan incluso la virilidad de algunos dirigentes adscritos al acuerdo unitario.

En esas estábamos cuando topamos con esas  fantasmales apariciones que descuadran los horizontes, perturban la razón, desconciertan a la ciudadanía y afectan la praxis política. La primera – no podía ser de otro modo – el alma en pena de corazón patrio que, al parecer, vive y continúa gobernando al país a través de Maduro, continente y depositario de su espíritu y de sus ideas; la segunda, el espectro de la constituyente, un fascinante y tentador espanto, detrás del cual se escudan quienes propugnan la abstención, que nos invita a pecar de nuevo para constatar que somos los humanos en general y los venezolanos en particular los únicos animales capaces de tropezar dos veces con la misma piedra.

La turbadora y recurrente presencia de un Chávez ultraterreno en todas y cada uno de las comparecencias públicas del jefe de gobierno en tránsito y de sus compinches revela su inquebrantable decisión de continuar impulsando un proyecto cuyo fracaso se veía venir desde el vamos y, peor aún, evidencia que no hay voluntad de rectificar el maltrecho sendero que, desde el más allá, parece haber trazado el objeto de su permanente deprecación. Quizá a ello se deba la reanimación del  el luciferino espíritu del poder originario, acogida con entusiasmo apenas disimulado por sectores adversos al régimen, obcecados detractores de la empresa unitaria, que se resisten a aportar sus arrestos y a sumar sus votos al esfuerzo por hacer de las elecciones municipales un punto de inflexión definitivo para abrirse al cambio que dicen anhelar.

Como el gobierno se empeña en suministrarnos una diaria sobredosis de comandante supremo, eterno y galáctico, los ciudadanos , hartos de tanta sensiblería, cursilería y falta de imaginación debemos curarnos de espanto, asumir que los muertos no salen y abordar la resurrección de la constituyente como un asunto de trascendencia mayor que reclama atención superlativa, no sólo por lo que implica su convocatoria, sino por lo que consideramos su extemporaneidad.

Trasnochado de angustia refrendaria y consultiva, recurrí a la experticia de un fraterno amigo, Enrique Sánchez Falcón, profesor de derecho constitucional en la UCV, el cual expresó una opinión que comparto en los términos siguientes: “Siento que el texto constitucional actual, abstracción hecha de alguna ridícula retórica normativa, es un texto con el que se puede seguir adelante. Antes que reformas o enmiendas a sus normas, me parece más adecuado que, por vía de una legislación inteligente, se desarrollen sus postulados básicos. Allí está planteado lo esencial de una democracia constitucional: vigencia del principio de la soberanía popular, respeto por los derechos humanos, separación de poderes, principio de legalidad y obligación del Estado de asumir el desarrollo social y el abatimiento de la exclusión. Soy un convencido de que el camino político que se ha trazado la dirección de la MUD es el correcto, apartarse de él es riesgoso. Con base en esa premisa, creo, como lo afirmó Capriles, que lo apropiado es ocuparnos ahora del 8-D y después discutamos sobre todos los demás escenarios”. Por otro lado, un político experimentado como Américo Martín, para quien el tema merece discutirse, es tajante al afirmar: “No tiene sentido escoger entre constituyente y municipales. Aquella es importante pero a su tiempo. La constituyente no tumba gobiernos ni desplaza las municipales”.

El borrón y cuenta nueva implícito en la apelación a una constituyente tal vez sea un medio para desplazar al chavismo del poder, pero también un instrumento del cual éste se pudiese valer para atornillarse aún más en él. Eso lo deberían tener muy claro los inmediatistas que abogan por atajos para reestablecer el estado de derecho. Hay un programa elaborado por la MUD y liderado por Henrique Capriles mediante el cual podemos hacer historia el próximo 8 de diciembre. No le demos la espalda y no le tengamos miedo a los fantasmas y, mucho menos, al fantasma de la abstención.