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Nicolás Bianco

Falta absoluta

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El cáncer es una enfermedad crónica. Su permanencia y diseminación (metástasis) en el huésped indica que las células cancerosas han derrotado no sólo a formatos terapéuticos como la cirugía, la quimio y radioterapia o los nuevos abordajes inmunomoduladores de las respuestas de defensa sino más importante aún, han vencido al formidable mecanismo que poseen los mamíferos, y entre ellos los humanos, que se denomina “vigilancia inmunológica”.

La vigilancia inmunológica garantiza la detección (células que actúan como un “periscopio”) a cada instante de células mutantes malignas para destruirlas con óptima eficiencia. Esa eficiencia puede verse disminuida entre otros factores por el uso continuo e indiscriminado de esteroides.

El propio Presidente de la República le comunicó a la nación en mayo de 2011 que tenía cáncer. En los siguientes 20 meses, la estrategia del oficialismo ha consistido en “politizar” el cáncer del mandatario, entregando su destino a la mediocre medicina castrista, violando nuestra soberanía nacional y médica, mientras ofrecían información pública desvirtuada y lejos de la realidad clínica que vivía el paciente. Un juego macabro que contó con la activa participación del Presidente. La supuesta curación nunca se hizo presente.

Pero por más planificación y estrategias que la corporación chavista haya intentado, es imposible politizar al cáncer. A principio de diciembre de 2012, el propio paciente admitió que su tumor maligno seguía creciendo, anticipó los posibles escenarios políticos, y antes de volver al quirófano clandestino en La Habana, hizo público su muy probable “falta absoluta” (artículo 233 de la Constitución nacional), solicitó respetar la carta magna, y convocar a nuevas elecciones presidenciales en caso de su muerte o de quedar incapacitado. Desde entonces, el paciente desapareció y no se juramentó para presidir un nuevo período constitucional.

El gobierno que desde el 10 de enero usurpa el poder recurre, con el asesoramiento internacional, a desconocer una realidad: Venezuela no tiene Presidente de la República en ejercicio y, más grave aún, su “falta absoluta” es clínicamente irreversible hasta que no se demuestre lo contrario.

Como lo ha hecho público nuestra Universidad Central de Venezuela y numerosas instituciones y voces autorizadas, la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del 9 de enero es definitivamente antinacional y carece de fundamento tanto científico como jurídico. Así, negar de plano, la integración de una junta médica venezolana que en La Habana “ponga orden clínico, restituya nuestra soberanía e informe a la nación sobre el diagnóstico, pronóstico y capacidad o no del paciente Chávez Frías para asumir la Presidencia de la República” es esconder a como dé lugar la falta absoluta.

Favorecer el inexistente mecanismo de la “continuidad administrativa”, coloca al TSJ y a la AN al margen de la ley y de la Constitución nacional. Mentir con descaro y aseverar que el Presidente designó al nuevo canciller profundiza la ilegalidad del Gobierno y exacerba su impunidad.

Venezuela es hoy un país a la deriva. Campea la represión y la violencia. El luto es masivo y diario. La ruina económica y social es inocultable. Sus mayorías democráticas, civiles y militares, estamos obligados a salvar nuestra patria. Es imprescindible alcanzar consensos sinceros que nos lleven a rescatar la soberanía nacional y el Estado de Derecho y a participar en procesos electorales cuya transparencia provea un gobierno legítimo y eficiente.