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Víctor Rodríguez Cedeño

Equilibrio de la información, otra farsa

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El régimen impone un equilibrio informativo en los pocos medios independientes que todavía funcionan en el país, mientras que practica una línea única de información en las estaciones públicas que, como nunca antes, ocupan hoy la casi totalidad del espacio, contrariando descaradamente el derecho humano que tenemos todos de ser informados veraz, objetiva y oportunamente.

Un equilibrio que paradójicamente se traduce en desequilibrio, un ejemplo es Globovisión, lamentablemente cedida a un grupo empresarial no comprometido con el ejercicio profesional y digno del periodismo. El “cierre” de programas de opinión, el despido de presentadores y analistas políticos que informaban verazmente a los venezolanos confirma la política sumisa de un medio que tiende a desaparecer y abandonar el espacio que había logrado con tanto orgullo y dedicación un grupo de venezolanos verdaderamente identificados con la causa de la inmensa mayoría de los venezolanos que se expresó el pasado 14 de abril a favor de la libertad, de la democracia y de la dignidad.

Mientras que en los casi inexistentes medios “independientes” se presenta la noticia en forma veraz, en los medios oficiales se tergiversa la realidad y se informa de manera sesgada y dolosa sobre ciertos temas. Se maquilla la noticia, como se maquillan las cifras, se engaña al venezolano, como se engaña a la comunidad internacional, a los gobiernos extranjeros, a las organizaciones internacionales, como la FAO o la Unesco, que otorgan reconocimientos sobre bases muy distantes de la realidad nacional.

Son muchos los ejemplos a los que se puede acudir para confirmar estas políticas fraudulentas de un régimen en decadencia, como las denuncias hechas, para deleite de la audiencia, ante el Consejo de Derecho Humanos de la ONU, mediante las cuales se responsabiliza a la oposición de violaciones de derechos humanos, sabiendo que precisamente esos órganos se crean para proteger al ciudadano de los atropellos del Estado y no viceversa.

La desinformación dolosa sobre la protesta de los profesores, apoyados por estudiantes, empleados y obreros de las universidades nacionales, para que el régimen considere un reajuste en el presupuesto y en el salario de los profesores cuyos ingresos son simplemente una vergüenza para la educación, es otro ejemplo de la manipulación y del engaño a los venezolanos hoy forzados a la imposición de esa política perversa de “equilibrio de la información”.

Las declaraciones de los profesores y de los estudiantes que apoyan la protesta son simplemente ignoradas, a la vez que son objeto de las más absurdas descalificaciones y ataques de parte de Nicolás Maduro, del ministro de Educación y de la dirigencia “revolucionaria”, esa que una vez luchó dentro de la casa para reclamar sus derechos.

El régimen “informa” con el mayor desparpajo a través de los medios públicos que los “cuatro gatos” que protestan siguen las “instrucciones” del “imperio” y de la “burguesía criolla” que le representa. Los periodistas que se prestan al juego en esos medios informan que esa fuerza universitaria se niega a participar en la “mesa de diálogo” que se ha creado para ello, y obvian que esa instancia no goza de ninguna legitimidad ni representatividad del sector universitario que lucha verdaderamente por la educación libre y digna que merecen las nuevas generaciones; el único objetivo de esa “mesa” es suprimir la autonomía universitaria y hacer de la universidad otra dependencia del Ministerio de Educación y, con ello, poder ejercer con facilidad y mediante la intimidación presiones sobre ellos y sus actividades, para orientar la “educación única” que tratan de imponer por todos los medios pero no van a lograr.

El equilibrio informativo que trata de implantar el régimen busca paradójicamente desequilibrar la información para mostrar la única cara de la moneda que ellos quieren que se vea, reflejo de un claro totalitarismo y de las arbitrariedades características de este régimen que durante ya casi quince años se ha empeñado en destruir el alma de los venezolanos y de sembrar el odio entre nosotros, mediante una política comunicacional aparentemente exitosa que les ha permitido crear hasta ahora una falsa matriz de opinión para perpetuarse en el poder.