• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Rafael Palacios

Expediente de un “robo de cerebro”

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Restrepo decide emprender su carrera académica y de investigación en uno de esos tantos países que por otras circunstancias, aún no dejan de ser raros. Estaba muy al norte del bloque terráqueo, allí, desde hace mucho tiempo, se apostó por tener instituciones de muy alta calidad académica y de investigación. Se formó así una sociedad que subsiste, gracias al conocimiento.

Él era ciudadano latinoamericano, proveniente de un país pequeño, abundante en riquezas naturales, pero completamente dependiente de sus materias primas. Habitante de un país esperanzado, en manos de un líder carismático, que llegó al poder teniendo en su espalda, las circunstancias.

Dejaba atrás Restrepo años de estudio de pregrado y postgrado, siempre en una universidad pública, desgastando zapatos acompañando las protestas estudiantiles. Era también de familia con muy limitados recursos económicos. Todo ello, formó parte de su lista de recuerdos.

Cumplía con las requisitos académicos para merecer una beca en el extranjero, pero eso no era suficiente. El mérito de acceder a ella debía pasar también, por encontrar almas blandas. Y es que su formación como científico social no era tan atractiva, si se comparaban con sus otros pares (candidatos) que provenían de la ingeniería, la medicina y la arquitectura.

Era imperativo para Restrepo lograr convencer a los evaluadores que él merecía esa oportunidad, hacer un doctorado en el campo de las políticas públicas de innovación.

Meses después, ya estando en el extranjero y siendo parte del grupo de candidatos escogidos, recibe una llamada de quien fuera el encargado de darle la respuesta definitiva, y le confirma en la conversación: “Sr. Restrepo usted tuvo mucha suerte, créame todavía no entiendo cómo usted está allá”.

Él le contesto con algo de melancolía: “Al país, le estoy agradecido”.

Muchas circunstancias fueron las que acompañaron a Restrepo en su tiempo en el extranjero; aprender idiomas para poder ocupar aulas universitarias, cumplir exámenes escritos y orales, publicar en revistas científicas y finalmente  escribir y defender su tesis doctoral. Todo eso aún no era suficiente, el titulo de Doctor en Ciencias Sociales, dependía también de que hiciera un examen adicional sobre conocimientos generales de su disciplina académica; y así se confirmaría, que se le otorgaba correctamente su titulo de Doctor.

A diferencia de Restrepo, sus pares (estudiantes), quienes también se encontraban en ese país, corrieron con mejor suerte. Ellos, no tuvieron que acudir a aulas de clases, pudieron escribir su tesis doctoral en inglés y además no les obligaban a hacer ningún examen adicional.

Comprendió Restrepo que ser científico social tiene en la academia un precio alto, que no es socialmente compensado. Pero, ese era su precio.

También hizo un post-doctorado, de esos que no precisamente son de tres o seis meses, hizo uno que duró dos años. Quiso con él, analizar las condiciones actuales y futuras de los países menos desarrollados, en el campo de la política de innovación. Antes, su doctorado, fue la génesis de estos posteriores aportes.

Restrepo, siempre estudió al país de sus recuerdos.

No supo que pensar el retorno a su país de origen, podría ser un asunto de ingenuidad, al desconocer la historia que allí continuó después de su partida. Siempre sostuvo que, por “debido” agradecimiento y responsabilidad, o por eso que muchos llaman “moribundas convicciones”, debía incorporarse a los planes de desarrollo de su país, aportando lo que aprendió.

Tal decisión, no fue fácil; tuvo él que contar con el apoyo de la Sra. Müller, quien era además la progenitora de sus tres hijos. Ella, optó por renunciar a su carrera, en un prominente instituto de investigación y acompañar a Restrepo en su proyecto.

Ya convencidos ambos, Restrepo de la vuelta y retorna a su país, aprovechando una oferta que le hicieran altos directivos de un instituto de investigación. A su llegada y después de unos meses, dada las circunstancias que arropaban a ese pequeño lugar del trópico, sabía, que más que haber aceptado una oferta, lo que había hecho era una apuesta. Más tarde, sse enetró que se trataba de un desafío, que incluía “sobrevivencia”.

No sabía Restrepo que volvía a un país partido por la mitad, ambas partes en pugnas, percibiendo realidades distintas.

Aprendió otras cosas en el instituto donde fue contratado; que no había que pensar ni actuar con el rigor que concede el conocimiento y la experiencia; que quienes tomaban las decisiones no lo hacían con los principios de la “política”, sino con los principios para ser políticos; que organizar y sistematizar objetivos y resultados era sólo el menú de la propaganda; que poner en el colectivo del instituto -sin excepción- la investigación como valor de la cultura institucional, representaba un peligro que restaría liderazgo a quienes lo dirigían.

No sospechó Restrepo, que sería victima de vigilancia y puesto bajo sospecha, sí compartiera el almuerzo del mediodía con trabajadores que no simpatizaban con el proyecto político de turno.

Así las cosas, Restrepo comienza un período de “sobrevivencia”; es tildado de “traidor a la patria”. Por lo tanto, no era extraño que se iniciaran innumerables prácticas para lograr su cansancio, hasta dar con su renuncia.

Ingenuo, Restrepo, nunca se imaginó que tendría que asistir a una oficina pública del Estado a  reclamar sus derechos, en donde nunca le respondieron.

Fueron muchas las circunstancias que no estaban a favor de Restrepo. Él, tampoco contaba con la simpatía de altos funcionarios de un ministerio. En muy pocas ocasiones le “consultaron” sobre algunas decisiones, y comete el “pecado político” del momento: hacer una lista de observaciones. Así, se firma su acta de persona “no agradable”.

Ahora sí, Restrepo, convencido estaba, de que se trataba de un país donde se dejó de apreciar el conocimiento, y con ello el respeto a quienes lo tenían.

Nada estaba a su favor; hasta sus viejos compañeros de universidad que habitaban en cargos públicos de importancia, prefirieron optar por dejar su nombre en el baúl de los recuerdos.

En uno de esos días que fijan la despedida del año, la Sra. Müller y Restrepo junto a sus hijos, son victimas de un asalto y por suerte, pudieron contarlo. Fue esa la razón que dilapidó cualquier esperanza, ello provocó el fin de la travesía.

Hoy, desde afuera, mira Restrepo con pena y con marcado sentimiento, una especie de historia alejada de cualquier posibilidad de comprensión; mira con pesar el naufragio de un país que optó por subsistir en la política con la fuerza que le da el precio de sus materias primas. Recuerda las veces que insistió en convencer a los políticos sobre la necesidad de superar los modos convencionales de producción de conocimiento, si en realidad se quería superar el subdesarrollo.  

A Restrepo le queda, como a otros, tener paz en su conciencia; le queda el optimismo que le proporciona su carrera de investigación, pero ya no, en el país que una vez hizo todo para no mantenerlo.