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Luis González de Castillo

Eva Golinger, Adriana y Machado

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Este miércoles 17 de junio asistí al acto de entrega de la directiva de un gremio muy importante para nuestro país. Finalizado su periodo,  cedió el testigo para que sus colegas seleccionados continuaran  la labor en la nueva junta directiva de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela.

Fue un evento especial, por la acertada manera como se concibió. Se enmarcó dentro de una realista exposición, de la muy grave situación que vive Venezuela, realizada brillantemente por el politólogo John Magdaleno. Después de la misma podríamos haber salido de allí con el más puro y duro pesimismo. Sin embargo, se continuó con el historiador Elías Pino Iturrieta, y éste, con la sapiencia a la que nos tiene acostumbrados, nos aleccionó sobre las infinitamente más duras etapas que le ha tocado vivir a Venezuela. Como  en los tiempos de la lucha por la independencia, por ejemplo, la cual superó por sus propios medios y con su propia gente. Pero en mi percepción, la  más conmovedora intervención, y ejemplo de lucha patriótica actual, la hizo el propio presidente saliente de dicha cámara, Aquiles Martini Pietri. Al expresar su reconocimiento a los que lo apoyaron y acompañaron en el esfuerzo por nuestra nación, desde este gremio, recordó a John Machado, expresidente de la Cámara Inmobiliaria Metropolitana, quien perdiera la vida en enero del año pasado en medio del intento de frustrar el secuestro del que había sido objeto. Su viuda e hijos subieron al podio a recibir un caluroso aplauso de reconocimiento y solidaridad, bajo la idea del premio para proyectos de desarrollo sustentable que se instituyó a partir de ahora y  precisamente en su memoria bajo su nombre: John Machado.

El triste lugar común en que se ha convertido este fatal hecho delictivo en nuestro país nos ha tocado también, como a otras miles, en nuestra familia. Pudiéndose milagrosamente, en nuestro caso, recuperar del secuestro al ser amado. Mientras dábamos gracias en nuestra Catedral de Caracas, frente a la plaza Bolívar, el 23 de marzo de 2014, esa noche nos llegaba por los medios de comunicación la noticia de la muerte de Adriana Urquiola. Luego se supo que fue a manos de Jonny Bolívar; sujeto que ya contaba con un prontuario delictivo, entre ellos el secuestro. ¿Quién sabe por qué estaba libre en aquellos momentos? ¿De quien es esa responsabilidad? (puede revisarse nuestro artículo del 27 de marzo de este año: Bolívar Asesino del presente y del futuro- Opinión. El Nacional).

Eva Golinger nos sorprendió a través de su cuenta Twitter y luego con su relato de haber sido víctima de intento de secuestro y violación, también de este sujeto Jonny Bolívar (www.aporrea.com, 16 junio 2015). Dentro de sus explicaciones afirma que Jonny Bolívar no es chavista ni revolucionario y que sus actuaciones, aunque se debe investigar por qué se encontraba libre, no comprometen al proceso y que son de su única responsabilidad como criminal psicópata que no tiene remedio.

Antes que nada quiero dejar sentado que no es mi objetivo, ni ahora, ni lo fue antes, ni lo será en el futuro, la manipulación de debates públicos, y mucho menos entre los que directamente han sido afectados, por este  tipo de acciones criminales como el secuestro y/o asesinato. Más bien quiero llamar la atención sobre lo reiterativo de estos casos en Venezuela, con el profundo daño que causan a nuestras familias, a la sociedad toda y su vinculación con la situación que se produce desde lo interno de las cárceles, como precisamente confirma el relato de Eva Golinger.

Hacer juicios de valor sobre la razón de la conducta de un determinado criminal,  o sobre las opiniones políticas que enarbola, no creo deba ser motivo de atención alguna por parte de nadie, sea oficialista u opositor. Escucharnos,  seria y responsablemente, para atender nuestros muy importantes y muy urgentes problemas de seguridad ciudadana, es un consenso básico y vital que deberíamos haber trabajado todos juntos, para la protección de nuestras familias, nuestras mujeres, nuestros niños y ancianos, desde hace ya varios años.

El caso de Adriana Urquiola, el de John Machado, o el que valientemente nos confiaste tú Eva, con motivo de haber sido capturado por la Interpol en Colombia este criminal, nos habla de la necesidad de escucharnos, como hubiera querido decirnos seguramente hoy Adriana Urquiola, con su lenguaje de señas  a los que por limitaciones físicas no pueden oír, pero si escuchar desde el amor de las comunicativas manos. Otros que, por limitaciones debidas a prejuicios no pueden escuchar tampoco a algunos de sus conciudadanos, entonces ayudémonos a superar esta sordera emocional que nos tiene a todos secuestrados, dentro la promoción del odio y la confrontación permanente. Dispongámonos Eva al encuentro de un espacio de respeto y responsabilidad mutuos. Aceptemos que se ha fracaso con el modelo existente. Reencontrémonos las mujeres y hombres de buena voluntad, para acometer con urgencia los cambios vitales que requerimos.