• Caracas (Venezuela)

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Mariana Díaz Arroyo

Estrenando la vida

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La cita fue en el Centro de Educación Integral  Luisa Cáceres de Arismendi, en Palo Verde, la semana pasada.

Un conocido daría una charla ese día y me invitó; tenía el interés de mostrarme aquel lugar, además de que escuchara su intervención.

Fuimos recibidos muy amablemente e inmediatamente comenzó la actividad.

Esperando que nos fueran a buscar, sentados en la entrada de aquella acogedora casa, la persona que me invitó y yo fuimos testigos de una situación sobrecogedora, emotiva, pero a mi modo de ver desesperanzadora.

Varias chicas entraban y salían, era el cambio de turno; algunas se sentaron con nosotros a esperar la hora de entrada porque habían llegado temprano.

Al principio eran dos, a medida que los minutos pasaban llegaban más, al poco tiempo estábamos rodeados de media docena de adolescentes.  Conversaban de sus problemas, de la inseguridad donde viven, de las agresiones de que han sido víctimas.

Lo que tenían en común aquellas adolescentes era que todas eran menores de 18 años y, además, que son madres de uno o dos hijos, algunas con varios meses de gestación.

La joven de menor edad en este CEI tiene 16 años y ya es madre. Acuden a este sitio a recibir formación y ayuda para ellas, al mismo tiempo que atención a sus hijos hasta los 3 años.

Son madres adolescentes como muchas jóvenes en nuestro país, que viven o han vivido embarazo precoz. Lamentablemente, tenemos la tasa más alta de embarazo precoz en Latinoamérica, superada solo por Nicaragua y Honduras, según la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de Población de las Naciones Unidas.

En Venezuela se calcula que 101 de cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años ya son madres. Por otra parte, 1 de cada 5 embarazos se corresponden a mujeres pertenecientes a este grupo de edad, lo que nos coloca frente a un grave problema de salud pública en nuestro país. Se calcula que entre los 12 y 13 años muchos jóvenes comienzan sus relaciones sexuales y, al contrario de lo que pudiera esperarse, estos embarazos precoces, afirman médicos y psicólogos, no responden tanto a falta de información sobre educación sexual y sobre prevención de embarazo, sino a patrones culturales copiados de padres y familiares.

Una importante cantidad de especialistas en la materia afirman que ya a los 13 y 14 años la mayoría de los adolescentes manejan información sobre salud sexual y reproductiva; sin embargo, las investigaciones indican, sustentadas, entre otras variables, en los relatos de las mismas protagonistas, que quedan embarazadas porque no hicieron uso de esa información. En otras palabras, que el riesgo de un embarazo o, peor aún, el riesgo a contraer una enfermedad como VIH o VPH, no es asumido como un problema.

Todo parece indicar, entonces, que en muchos casos los embarazos de estas jóvenes adolescentes son producto de una decisión tomada a priori como resultados de una relación sentimental y el deseo de formar familia, pero del mismo modo pocas veces son el resultado de una visualización en perspectiva de las consecuencias en el futuro de sus vidas.

En mi opinión, un elemento clave en el manejo de este problema ha sido el  trabajo formativo y de apoyo que durante las últimas décadas han venido aportando ONG a nivel preventivo en educación sexual; pero la falta de interés gubernamental en el trabajo de estas organizaciones, en muchas casos obstaculizando la labor que realizan sumado a la crisis económica, ha venido   mermando de manera importante el trabajo de estas organizaciones.

Un panorama nada alentador para nuestros jóvenes que están estrenando sus vidas.