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César Tinoco

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La segregación política y la intolerancia, además del crimen, la inflación, la escasez y la recesión, es otra característica notable del populismo de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. Tal característica está bien documentada en el libro de Ana Julia Jatar publicado en noviembre de 2006 con el apoyo de la organización Súmate: apartheid del siglo XXI, la informática al servicio de la discriminación política en Venezuela.

El libro documenta desde las listas Tascón y Maisanta hasta las utilizadas para perseguir y segregar a los funcionarios públicos en Fogade, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en el IVIC, en Edelca, en Pdvsa, en el Metro de Caracas, en el Consejo Nacional Electoral, en el Consejo Nacional de Fronteras  de  la Vicepresidencia de la República, en el sector salud,  en el sector educación y en el sector militar.

Los once primeros capítulos del libro describen la realidad vivida por los funcionarios que firmaron y que trabajaban en las dependencias oficiales mencionadas. Igualmente, el libro documenta testimonios de víctimas, citas de declaraciones por parte de altos funcionarios públicos -ministros, viceministros y directores- que comprueban su complicidad en diversos actos de discriminación contra los firmantes. Luego, en su Capítulo XII, presenta el pronunciamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre tales hechos en Venezuela.

El libro llega hasta el año 2006 pero desde entonces han seguido ocurriendo en Venezuela hechos de apartheid político. Cuando el libro se actualice seguramente se expandirá fuera del ámbito de la informática y añadirá otros casos -públicos y notorios-  de segregación e intolerancia. Allí están los de María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, por mencionar los más emblemáticos, las amenazas documentadas del entonces Ministro de Vivienda Ricardo Molina y las amenazas del actual Ministro de Energía y Presidente de Corpoelec, Luis Motta Domínguez.

Como se debería recordar, el ministro Motta Domínguez fue comandante del cuerpo que ganó todavía más honor del que cabe en su divisa, tras casi matar a la indefensa Marivinia Jiménez a “cascazos” en Valencia, amén de otras atrocidades que el corto espacio no permite mencionar. El marco político en que Motta Domínguez realizó sus declaraciones le sigue proporcionando espacios para todavía más honor. Les explico.

El pasado 9 de diciembre Nicolás Maduro anunció que emitiría un Decreto Ley de Estabilidad Laboral para los trabajadores públicos por los próximos tres años, principalmente a causa de los trabajadores de ANTV quienes, ante la victoria electoral de la oposición y por el evidente sesgo político de su trabajo, están preocupados.

Sin embargo, apenas unos días después, concretamente el 22 de diciembre y en las afueras del Palacio de Miraflores, según lo reporta la prensa nacional con video y corroboración incluidos, el ministro Motta Domínguez dijo: “Nosotros tenemos que revisar las estructuras y nos vamos a radicalizar. Hoy me voy a radicalizar más que nunca y todo el que sea escuálido quedará fuera de la corporación”. Luego remató: “Pido que me ayuden a detectar a aquellos que sabotean y no permiten que la corporación avance”.

Dos cosas como mínimo demuestran las palabras de Motta Domínguez. Una es que al pedir la colaboración de los propios trabajadores de Corpoelec para “sapear” a sus compañeros reafirma, sin proponérselo, que el voto es secreto: no saben quién votó contra ellos. Y eso, como diría un tristemente famoso pícnico e hipertenso diputado, los tiene locos.

La otra es que el acto de "relaciones públicas" de Motta Domínguez, lejos de ayudar, perjudica todavía más el mal juego de Maduro: por un lado, uno intenta rescatar la conexión con su gente capitalizando la preocupación de los trabajadores de ANTV y por el otro Motta Domínguez se la desbarata. Un exquisito trabajo, una muestra del grado de “coordinación” que existe en el equipo de “todos estrellas” de Nicolás Maduro.

 

c.e.tinoco.g@gmail.com