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Beatriz de Majo

España: ajustes dolorosos

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España está dando un singular ejemplo de entereza frente a una crisis que estará presente en su cotidianeidad por muchísimos meses más. Más que entereza es compromiso lo que se percibe en la colectividad frente a costosos ajustes que han tocado todos los hogares y que aún hacen presagiar muy duros momentos. Es un hecho cierto que el país aun no ha tocado fondo y que tendrá que hacerlo ineluctablemente antes de remontar. El desproporcionado déficit fiscal no es posible corregirlo de la noche a la mañana, las deudas tampoco pueden ser aliviadas con prontitud y la austeridad que se les ha impuesto desde el poder a los españoles pudiera, como bien lo señala el propio FMI, provocar una profundización del déficit en lugar de la tan ansiada reducción.

Lo que es digno de destacar, sin embargo, es que más allá de la explicable molestia que este apretón ha generado en los jóvenes –que son los menos equipados para tolerar las estrecheces–, buena parte del país se ha vuelto solidaria con el nuevo jefe del Gobierno. La inteligencia colectiva le está dando la razón a Mariano Rajoy, quien no ha prometido una recuperación rápida y, por el contrario, le ha exigido a la nación paciencia y más trabajo para que el plan de austeridad pueda surtir el efecto esperado.

La votación de Galicia en las pasadas regionales, en donde las medidas de austeridad fueron tomadas por el Partido Popular mucho antes de que Rajoy llegara al poder en Madrid hace un año, le dio al mandatario gallego un espaldarazo contundente. La votación fue considerada un referéndum sobre la gestión, en el que Rajoy salió ganador. Galicia pasó el mensaje al resto de las autonomías de que es en el largo plazo que hay que medir el sacrificio.

Tal como ocurrió a los ciudadanos en la Alemania occidental cuando les tocó considerar el apoyo colectivo y entusiasta para las medidas restrictivas a las que tendrían que someterse para estar en capacidad de incorporar a la otra mitad alemana, la del Este, en la economía y la dinámica social del país, Galicia es consciente de que no hay otra manera de sacar a flote el barco en el que les tocará morar a sus hijos y nietos que a través de las penurias de los recortes, la disciplina presupuestaria y la eficiencia en el manejo del Estado. Las actitudes separatistas son profundamente egoístas y están disociadas de la realidad.

Rajoy ha conseguido mantener firme el timón de un buque que le entregaron maltrecho, pero si ha podido en este año transcurrido hacerle frente al vendaval es porque comunidades importantes dentro de su país y buena parte de su ciudadanía están dispuestas a pagar la cuota de sacrificio que la nación requiere.

Sangre, sudor y lágrimas prometía Churchill ante una guerra que se presentaba dura y prolongada.

Así lo ha entendido el país gallego. Un aval similar es necesario por parte del resto del país.