• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Eduardo Mayobre

Espada de plástico

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Como las bestias heridas, las revoluciones decadentes a menudo tienden a recurrir a la violencia. Por ello parece misericordioso que la de Venezuela se haya resuelto por ser absurda. Pero ¿en que punto el deslizamiento de una nación hacia la comedia negra deja de ser divertido? Cada disparate, cada dólar despilfarrado, extrae un precio humano. El que las consecuencias se hayan dispersado y hayan sido absorbidas tranquilamente por millones de vidas no hace a ésta pérdida menos trágica”.  Así se expresa Rory Carroll, quien fuera corresponsal en Caracas del prestigioso diario británico The Guardian durante varios años. Su experiencia la recoge en el libro “Comandante. La Venezuela de Hugo Chávez”, publicado en inglés por Penguin Press a comienzos de este año.

Es quizás el mejor y más completo análisis del llamado proceso de los últimos tres lustros que he leído. Con las ventajas adicionales de que se trata de la mirada imparcial de quien no está personalmente involucrado en los hechos descritos y además los enfoca con seriedad pero con británico sentido del humor. El relato abarca desde la elección de Hugo Chávez como presidente de la república, en diciembre de 1998, hasta diciembre de 2012. Esto es, todo el tiempo de su ejercicio efectivo del mando. De manera que el autor puede analizar de manera global su acción y su legado.

En el prólogo glosa la entrevista hecha por García Márquez poco antes de que Chávez asumiera la presidencia, en la cual la reflexión final del premio nobel colombiano es: “me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”. En las páginas finales Carroll comenta “13 años después de escrito ese perfil el comandante no había mostrado una crueldad despótica. Pero la otra observación del escritor era clarividencia pura. Chávez era un ilusionista, un político con dones de mago para aturdir y deslumbrar. Señala que mientras tanto, “Venezuela se estaba derrumbando, con más claridad que nunca antes”. Y la arbitrariedad campeaba.

Nos cuenta, por ejemplo, como una vecina suya de gimnasio, ingeniera que trabajaba para PDVSA sobre impactos ambientales, le comentaba, mientras su furia aumentaba, aceleraba el pedaleo y su cara enrojecía, como la obligaban a asistir a las manifestaciones progubernamentales: “¡Malditos! ¡Desgraciados!”. Agrega Carroll: “Los servidores de una verdadera tiranía pudieran por lo menos decirse a sí mismos que no tenían alternativa pues estaban ejecutando órdenes. El imperio no sangriento de Chávez excluía la excusa del miedo físico. La desobediencia significaba quizás perder sus puestos de trabajo, pero no sus cabezas. Era una espada de plástico. Pero aun así se arrodillaban ante ella”.
   
Según el autor, Venezuela tenía demasiado dinero como para que su economía colapsara pero “se desconchó, astilló y escamó en una disfuncionalidad con dinero”. Al respecto utiliza el ejemplo de las empresas de Guayana. Y agrega: “Tal era el destino de un sistema liderado por un político magistral que fue a la vez un gerente desastroso”. Valga acotar que una gerencia desastrosa sin un político magistral puede ser aun más peligrosa.

En el último párrafo del libro se hace un balance, correspondiente a finales del 2012. Dice Carroll: “La revolución estaba vacía. No era el paraíso ni el infierno, más bien el limbo,  una desértica, nebulosa mezcla de ambición y engaño. Solamente los venezolanos estaban obligados a vivir con esa realidad (…) Nuevamente El Dorado, milagro y mito, un reino perdido, gobernado por un gigante con lengua plateada y un trono dorado”. Este epitafio de una revolución que no fue tal y de una tiranía que no llegó a ser sangrienta es la conclusión del periodista irlandés.

La lengua plateada falleció y el trono de oro se ha convertido en una economía que condena a sus súbditos a la inflación más implacable y al desabastecimiento. El encanto que permitía subsistir a las mentiras ha desaparecido. Nos toca ahora enfrentar la realidad. Y no es bonita. Maduro ha heredado el desastre. Y no tiene capacidad de hacerle frente. Su padre espiritual le legó una revolución de mentirijillas.  Un proceso que no se sabe si es amenaza, corrupción o ignorancia. Y el sucesor trata de improvisar en las tres áreas.

El libro de Rory Carroll nos da luces al respecto. Y nos ilustra sobre el personalismo y la arbitrariedad que hemos padecido durante los últimos 15 años. Por eso se los recomiendo.