• Caracas (Venezuela)

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Leopoldo López Gil

Escuadrones de miseria

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Son colas interminables. Se han convertido en hileras humanas, donde desalmados negocian los puestos en las filas que con paciencia forman las mujeres y los niños que buscan los alimentos básicos para su sustento, convirtiendo a los pueblos en escuadrones de hambre y de miseria.

Llenos de preocupación y con nuestros corazones desgarrados, somos testigos en las calles, las ciudades y los pueblos de Venezuela, del drama representado por la interminable marcha de la indigencia ciudadana.

Son las colas, es la imagen de la escasez, es el terror de la inseguridad y el desabastecimiento, provocadas por la aniquilación de la producción y de los puestos de trabajo en Venezuela.

Ayer, en la calle frente a un conocido supermercado en Santa Eduvigis, fuimos testigos de los rostros desencajados. Mujeres de nuestro pueblo limosneando productos racionados. Madres héroes bajo la inclemencia del sol y de la lluvia, para llevar el pan a sus casas y con mendrugos alimentar a esa niñez venezolana que tiene pulverizado el horizonte y la esperanza de vida de las generaciones del mañana.

Es el futuro de Venezuela sentenciado a muerte por un proyecto demencial.

La salida en el régimen socialista ha sido una famélica salida a la calle del hambre e incompetencia No es a la calle, a la que se tiene todo el derecho de salir y protestar contra la inseguridad y la incapacidad. La calle, en la que se busca una salida constitucional hacia la libertad y la libre competencia.

Una salida para reconstruir el parque industrial, el que ha sido destruido por vesania de sus dirigentes destruyendo las oportunidades de empleo en una nación en ruinas, gracias la tozudez e incompetencia de fanáticos que siguen al pie de la letra los postulados de una doctrina fracasada que en su propio calvario ha sacrificado todas la naciones en las que han intentado sembrarla.

A excepción de Corea del Norte y de Cuba, el mundo ha sepultado los regímenes socialistas que han sucumbido a costa del fracaso y de sembrar terror, dolor y hambre en sus pueblos.

No es esta la salida que queremos para los venezolanos. Cada uno de estos fracasos tiene muchas soluciones. Todas ellas constitucionales, como lo indica la Constitución en sus artículos 347, 348, 349 y 350 en los que se reconoce al pueblo de Venezuela como único depositario originario del poder constituyente. La Salida es Constitucional, y pacífica.

Es la calle, allí está la salida donde encontraremos orientación en las asambleas populares, reunidos en un gran congreso donde la nación se enterará de las grandes oportunidades que existen en Venezuela para convertir esas colas, las filas del hambre y de la miseria, en marchas hacia el futuro rebosante de oportunidades.