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Andrés Cañizález

Escribo por si algo queda

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El inolvidable Kotepa Delgado mantuvo durante largos años una columna dominical que tituló “Escribe que algo queda”. Hoy parafraseamos aquel encabezado para retomar nuestras reflexiones que hacemos públicas a través del artículo de opinión. Varias razones nos mantuvieron alejados de la escritura semanal en el último mes. Lo retomamos bajo el principio que guió a Kotepa, escribiendo en la prensa algo queda, suponemos que alguna de las ideas escritas puede provocar reflexiones a los lectores.

Poco puede hacer el poder de las palabras cuando los conflictos se dirimen por la fuerza o cuando sectores de la sociedad invocan el poder de los cuarteles como respuesta a la crisis. La palabra escrita, entonces, pierde sentido y razón de ser. La palabra ayuda a no solo a que nos entendamos, sino también a tener claridad en las razones de nuestros desencuentros. Mucho falta por escribir, por ejemplo, en torno al proyectos político que iniciara Hugo Chávez hace 15 años en Venezuela y que tiene hoy a Nicolás Maduro como jefe del Estado. Para quienes escribimos, el recurso es la explicación y el análisis, no la arenga.

Venezuela vive hoy una de sus encrucijadas, de esas que parecen ser recurrentes en las últimas décadas. El chavismo, como proyecto político que se pretende hegemónico, no tiene interés en dejar el poder. No lo tuvo el PRI en México al que gobernó por más de 70 años, no lo tiene el PCC en Cuba con más de medio siglo de dictadura. La diferencia entre un caso y otro, sin embargo, puede ayudarnos a entender mejor las opciones que tenemos en Venezuela para enfrentar el autoritarismo.

Mario Vargas Llosa definió al PRI y su largo mandato en México como la dictadura perfecta. Era una dictadura muy particular puesto que existían medios de comunicación, universidades, partidos políticos y sindicatos, entre otros, desde los cuales se podía hacer oposición al régimen. Nada de eso tiene lugar en Cuba. Ni hace 50 años, ni ahora. Cuba representa una dictadura clásica. Desde mi punto de vista, más que buscar referentes en el caso cubano, deberíamos mirar la transición mexicana. Claro hoy el PRI está de nuevo en el poder con el presidente Peña Nieto, pero poco o casi nada tiene que ver su mandato con los gobiernos de ese partido a lo largo de varias décadas hasta que se produjo el cambio definitivo.

El PRI mexicano fue minado por la corrupción y la mala gestión, eso fue una base importante para que la oposición electoral fuese avanzando, primero tímidamente y ya luego con franco progreso, pese a que el partido de gobierno controlaba los poderes públicos, incluidos el electoral y judicial. La lucha gremial fue interesante, porque el PRI también cooptó sindicatos, pero surgieron nuevas iniciativas para la reivindicación de derechos, así como el fortalecimiento de organizaciones defensoras de derechos humanos, que desnudaron los desmanes del régimen. Todo ello, y no una sola cosa, explican hoy la derrota política-electoral del PRI en el México de hace dos décadas.

Traigo a colación este caso, sin intenciones de que debamos calcar estrategias, solo quiero llamar la atención de que la lucha democrática en contra del autoritarismo combina diversas estrategias, que se terminan complementando entre sí. En La Venezuela de hoy efectivamente hay una lucha en las calles, con protestas pacíficas (nada de guarimbas, en mi opinión), junto al diálogo político y la búsqueda de recuperar espacios institucionales (CNE, TSJ), a lo que sumo una intensa estrategia de incidencia internacional. Sobre esto escribo, por si algo queda.