• Caracas (Venezuela)

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Diego Arroyo Gil

Escribiremos en las paredes

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El asedio continúa, y todos los días muchos venezolanos nos preguntamos hasta cuándo durará, hasta cuándo el gobierno de Nicolás Maduro mantendrá su decisión de no liquidar divisas a ciertos periódicos del país para que compren papel y puedan circular como lo han hecho desde hace años, algunos incluso desde hace varias decenas de décadas, como es el caso deEl Nacional, cuya existencia suma ya 70 años.

Pienso en las consecuencias de esta malcriadez, de esta pataleta dictatorial. Pienso, ante todo, en los afectados: además del pueblo lector venezolano –que cada vez cuenta con menos medios de comunicación que lo asistan en su deber y su derecho de estar informado–, en los cientos o milesde colegas que corren el riesgo de quedarse sin empleo.Es desolador imaginar las incidencias que esa pérdida causará y ya está causando en la economía de tantas familias que se financian gracias a sueldos devengados en el ejercicio del periodismo.

Puesto que hablamos, dadoque no nos callamos, porque decimos lo que vemos y compartimos lo que investigamos, porque no renunciamos a escribir pese a las viles amenazas que muchos de nosotros reciben, en público y en privado, el régimenpretende atarnos de manos y poner nuestro cuello en el lugardonde se precipita la cobarde cuchilla de la guillotina.

Qué predecible es esta pandilla de seudohombres. Repiten al caletre, como el perrito de Pavlov, la misma miseria de sus parientes del autoritarismo: basta que suene la campanilla del poder para que comiencen a babear por hambre de rapiña y de exterminio.Esperar de ellos un comportamiento honroso es pecar de ingenuidad: han demostrado estar incapacitados para ajustar su conducta a las normas de la democracia, aun alas mínimas.

Cuán lejos se halla esta gente de la herencia civil –ytambién militar–de Venezuela.Se proclamana sí mismos “los constructores de la patria”, pero faltan al ejemplo de los que de veras la construyeron, contra todos los peligros y todas las adversidades.¿Hay que mencionar a nuestros dignos antecesores? Será suficiente recordaraquía Miguel Otero Silva, creador de este diario junto con Antonio Arráiz y otros colaboradores, hombres que nunca se dieron a quebrantar la entereza de la nación sino que, por el contrario, dedicaron su vida a ennoblecer el trato social y a modernizar nuestras formas de convivencia.

Es conocido el dicho que afirma que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Me cuesta creerlo.Sea lo que fuere que hayamos hecho o dejado de hacer para permitir que el país se sumergiera en este abismo, el régimen chavista es una traición a las genuinas aspiraciones de la sociedad venezolana.Como su objetivo es censurarlo todo –la vida, lo primero–, ahora ha decidido dejarnossin papel. Escribiremos en las paredes. Es la vuelta a las cuevas de Altamira, donde el hombre ensayó uno de sus primeros gestos para conjurar la oscuridad. Y lo logró.