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Diómedes Cordero

Escribir como editar

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“Un colega editor catalán”, a pedido de Leonardo Henríquez,  señala, “según su propia experiencia”, sobre el oficio de editar películas: “Olvídate ¡de una puta vez! intentar comprender lo que hacemos: No teorices sobre aquello que no se puede teorizar, aquello hay que narrarlo. (subrayado mío) No lo digo yo, lo dice Umberto Eco”. La película de tu vida. Ilusorio ensayo para comprender (de una puta vez) la edición cinematográfica (Caracas: Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), 2013) no sólo incorpora en el nombre el encarecedor empeño de la escritura del ensayo, sino que determina (o justifica) la elección (o preferencia) de Henríquez por narrar su experiencia ¿arte u oficio? de editor. Henríquez, realizador y narrador, editor y guionista, en La película de tu vida, contamina, hibridiza, mezcla el género ensayístico con episodios autobiográficos de su doble condición de cineasta y escritor, con su archivo privado (cinemateca personalísima) de películas y directores y editores, con su antología singular de aforismos, conceptos, sentencias, de cineastas, editores y escritores sobre el cine y el montaje (la edición) y con una muestra de carteles de las películas de tu (su) vida.

Probablemente, en la cita de Benjamin, que hace Henríquez: “A lo largo de amplios períodos históricos, las características de la percepción sensorial de las comunidades humanas van cambiando a medida que cambia su modo global de existencia”,  para inferir  que no sería “un absurdo considerar que si ha cambiado el modo de mirar al cine también debió haber evolucionado la estética del corte cinematográfico”, se encuentra, al mismo tiempo, la consideración del corte como  el artificio que permitiría crear “la interpretación y producción de nuevos sentidos. Nuevos códigos, que proveerán a la secuencia de un cuerpo  intelectual, y artístico, más reacio e interesante…”, como, consciente (o inconscientemente), la interpretación benjaminiana “del montaje como una forma (…) elevada al rango de principio consciente de construcción por la tecnología durante el curso del siglo (pasado)”, como dice Susan Buck-Morss. Henríquez usa la forma del montaje para escribir (ensayar) fragmentariamente su historia de vida como realizador y editor de cine: el principio constructivo de La película de tu vida sería la edición caleidoscópica y fortuita de fragmentos finamente cortados y manufacturados, como representación teórica de su pensamiento narrado sobre la práctica cinematográfica docente y experiencial. El cemento teórico que uniría los fragmentos se derivaría también del dispositivo de la poética de la ironía con sus formas de humor y sarcasmo, incorrección política y sexo, y no únicamente del espesor reflexivo del conjunto de referencias teóricas citado sobre la edición.

“El cine se aprende haciéndolo, a trompicones y en la calle; y los estudios sobre teoría cinematográfica deberían ser considerados como un auto de fe individual, reverenciados como un hobby o, si lo prefieren, como un vicio: algo placentero, pecaminoso, lúdico y lúbrico, para poner en práctica cuando lo necesitamos.” Leonardo Henríquez pareciera saber que la dimensión política e intelectual del montaje en La película de tu vida no residiría en escribir como editar sino en su edición por un gobierno próspero, virtuoso, serio y casto como lo determina la moralina revolucionaria.