• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

José Rafael Herrera

La escisión

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

"Un gran hombre siempre condena a los demás a que lo expliquen"
G.W.F. Hegel

​Hegel es uno de esos filósofos que bien podrían definirse como incómodos, uno de esos pensadores de los cuales no resulta sencillo encapsular sus ideas y exponerlas en un esquema definitivo o conclusivo, a pesar de que abundan las más variadas e incluso incompatibles interpretaciones sobre su pensamiento. Se trata de una incomodidad que comparte el gran pensador alemán con Aristóteles, Spinoza y Marx. Un amplio y respetable espectro hermenéutico acompaña, en efecto, su estelar papel en la historia de la filosofía. Como se sabe, son insondables los caminos de la reflexión del entendimiento abstracto. Pero además, y sobre la base de las múltiples presuposiciones, así como de los usos y abusos del discurso ideológico y político, se puede afirmar, con Paul de Man, que “pocos pensadores tienen tantos discípulos que nunca han leído una palabra de los escritos del maestro”. Lo cierto del caso es que, como ha observado, esta vez, Terry Pinkard, “la gran ansiedad que sufre todo filósofo moderno está en que, sea cual sea el camino que tome, cada uno de esos caminos acaba en un callejón sin salida, y en cada uno de ellos está Hegel aguardando con una sonrisa”.

​Muchas cosas se han dicho y se seguirán diciendo sobre la concepción hegeliana del Estado. No obstante, la mayor parte de los dicta concentra sus energías en dar por sentado que su modelo de Estado se caracteriza por ser un “Estado fuerte”, y que si se es “hegeliano de derecha” se termina en el fascismo o en el nazismo, pero si se es “hegeliano de izquierda” se termina en el leninismo o en el stalinismo. Respetable opinión, aunque poco exacta, pues la presencia misma de las tendencias pone de relieve la pérdida del núcleo central de su especulación filosófica. En todo caso, las hay peores, como la de cierto obispo vicario, que ha hecho de Hegel todo menos Hegel. En honor a la verdad, a Hegel no se le puede hacer responsable de los “callejones sin salida”, sobre todo si esos callejones parten de supuestos que poco o nada tienen que ver con su concepción del Derecho y del Estado.

​En realidad, el problema de fondo que le sirve a Hegel para pensar el Estado es el de la Trennung, es decir, el de la Escisión o desgarramiento que tipifica a la cultura moderna y, por consiguiente, a la organización político-social que deriva de dicha formación cultural, y cuya vigencia, desde el punto de vista de sus estructuras es, francamente, sorprendente.

Tarea vana la de recuperar la Libertad y el Derecho exclusivamente sobre los cimientos de la sociedad política haciendo abstracción de la sociedad civil, o a la inversa. Escindido el recíproco reconocimiento de lo uno y de lo otro, de lo público y de lo privado, queda abierto el camino para la precipitación de los instintos elementales, y oscila la sociedad, en la práctica, entre la perversión del mezquino egoísmo y la barbarie de un 'comunismo primitivo', como lo calificara Marx; y, en los términos de la ideología, entre la cínica incredulidad y la enfermiza superstición. El resultado es la corrupción del todo y la patentización de la malandritud.

Este es, por cierto, el punto e partida de los Lineamientos de Filosofía del Derecho de Hegel: el estudio de la Escisión existente entre individualismo y estatolatría. Su propósito consiste en superar dicha Escisión mediante un delicado y minucioso proceso de reconstrucción de los términos que, en medio de su devenir, reconocen su acción recíproca y su interdependencia, al punto de saberse en la necesidad de concretar la identidad diferenciada, a la cual Hegel denomina Eticidad o Civilidad.

​Con Hegel, la racionalidad política se sitúa en el centro de la relación Derecho-Libertad, cuya antítesis -la Escisión- es sorprendida en su abstracción, toda vez que el contenido del Derecho, considerado como relación jurídica entre individuos, cede el paso a la inserción de la razón del hombre que quiere realizar su plena Libertad. Derecho y Moralidad se reconocen para devenir Eticidad. Sociedad Política y Sociedad Civil se compenetran recíprocamente, de modo determinante y necesario. Este es, para asombro de muchos, el modelo filosófico y político sobre el cual se fundamenta la actual socialdemocracia europea.

​En 1870, un intelectual de no poca monta publicó en un periódico alemán un artículo en el que mencionaba a Hegel. El editor del periódico, consciente de que ya durante esa época Hegel era considerado como un “perro muerto”, colocó a pié de página: “Hegel: el glorificador del Estado prusiano”. El autor del artículo le escribió a un amigo: “este animal se permite agregarle al artículo notas marginales que son pura vaciedad. Este asno, este ignorante, tiene la desfachatez de querer liquidar a Hegel con la palabra 'prusiano'..”. A vuelta de correo, el amigo le responde: “le he escrito, diciéndole que si no sabe otra cosa que repetir viejas estupideces más le vale quedarse callado. El individuo es, en verdad, demasiado estúpido”. El editor y autor de la nota se llamaba Karl Liebnecht. El autor del artículo y de la primera carta se llamaba Federico Engels, y el de la segunda Karl Marx.

​Quizá este relato deje algo para beneficio de la comprensión de la tremenda Escisión que padece la Venezuela actual, fracturada entre una cada vez más poderosa Sociedad Política, que pretende aplastarlo todo, y una Sociedad Civil que lucha por no dejarse aplastar y por ser reconocida.

Quod est in votis.