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Eli Bravo

Escarba ahí donde no quieres ver

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Inspirulina

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Una imagen vale más que mil palabras, y si esta es chocante, diría que supera el millón. Quizás por eso me gustó la imagen que Carlos Fraga usó en una de sus conferencias para ilustrar la importancia de escarbar en nuestra vida y obtener así los mejores aprendizajes.

Un mojón.

Si bien el término es usado para nombrar los hitos a la vera del camino cuya función es medir las distancias, este mojón tiene una acepción más escatológica. Se refiere al excremento. Pupú, pues.

A nadie le gusta el estiércol, pero, según Fraga, nuestro rechazo instintivo al mojón nos impide ver todo su potencial. Por ejemplo, que encierra el sustento de millones de microrganismos que jamás han sentido repulsión hacia esta materia orgánica. También, que es un fertilizante biológico. Incluso, que siendo un resultado natural de nuestra propia fisiología, encierra algunas claves de lo que somos. Pero aún así lo desconocemos, lo ignoramos y hacemos todo lo posible por destruirlo. Jamás se nos ocurría escarbar en nuestros excrementos por nuestra propia voluntad, y si alguien debe hacerlo, que sea el bioanalista. Para eso le pagamos.

Interesante, porque un examen de heces puede revelar patologías que de otra forma no serían diagnosticadas.

Por favor, no te quedes con la imagen literal. Acá estamos hablando de metáforas (que no siempre tienen que ser poéticas y sublimes). Cuando Fraga habla de escarbar en el estiércol, se refiere a explorar en nuestra vida para conocernos mejor y crecer de verdad. Esto significa adentrarse en lo más brillante, pero también en lo más turbio que llevamos dentro.

¡Esta vida de mierda! es una expresión común. Cambia vida por relación, trabajo o gobierno. El hecho es que a veces las cosas, la gente o las situaciones se nos presentan como una caca de gorrión, y en otras, como un pozo séptico. Sea como sea, taparnos la nariz, darle la espalda y salir corriendo asqueados ayudará muy poco en solucionar la situación.

Hay que escarbar para entender para qué está sucediendo lo que sucede, pues solo así podremos integrarlo y superarlo. Dicho de otro modo: hasta que no perdamos el miedo y aceptemos los episodios más difíciles de nuestra vida, estaremos guardando el sucio bajo la alfombra.

No me vengas con que sucio tendrá otra gente porque tu casa es impoluta. Como dice el refrán, podrás comer flores, pero al igual que todos los humanos, evacuas.

¿Tienes el valor de explorar allí donde tu instinto te dice que te apartes?

Quieras o no, en eso que ves como una materia sucia e indeseable hay una parte tuya, de tu comunidad, de tu historia. Por supuesto que resultan más agradables los aspectos radiantes y placenteros, pero solamente cuando los observas en su totalidad, es decir, en conjunto con los turbios y espesos, adquieren todos su verdadera dimensión. Así, con el panorama en toda su diversidad, tienes la oportunidad de elegir con qué parte te conectas, puesto que no se trata de engancharse con el lodazal. Entra, pero no para quedarte chapoteando.

Así podría ocurrir que tras escarbar, explorar y aceptar, el mojón en tu camino no resulte ser tan malo después de todo; incluso, podrías llegar a pensar que a final de cuentas valió su peso en oro.