• Caracas (Venezuela)

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Elsa Cardozo

Escabullir el bulto

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En las palabras y gestos de quienes se sienten con derecho de suceder a Hugo Chávez en la Presidencia se nota el afán por evitar pararse por sí solos ante el país sobre condiciones de muy complicada gobernabilidad.

Tales condiciones son hijas legítimas de un modo de gobernar obsesionado por su perpetuación, sin deliberación plural y sin respeto por norma o contrapeso alguno.

El panorama económico se presenta en extremo difícil, como lo ha argumentado Moisés Naím con datos que lo autorizan a perfilar una crisis económica de enormes proporciones. Más allá del presententesyeladoTribunal Supremo,e quiere asumirlo.n sus declaraciones el presidente uruguayo Jose deliberacie basta esperde la economía, en sus “Vueltas alrededor del año 13” Simón Alberto Consalvi nos invitó a mirarnos en momentos que “marcaron con tinta indeleble nuestro proceso hacia la libertad o que la negaron de manera trágica”, y así nos trajo de 1813 y 1913 a las crisis del presente.

En ese cuadro la situación institucional actual exhibe iguales o quizá mayores erosiones que la económica y social. Su descalabro ha sido parte de una fórmula personalista de gobierno que desde muy temprano desbordó los cauces constitucionales. El mismo oficialismo padece los efectos de una pérdida institucional que ha dificultado el cumplimiento de la solución que propuso el Presidente cuando, asumiendo explícitamente su gravedad, trazó un cierto cauce constitucional para el liderazgo de su proyecto.

De todo eso es reveladora la prioridad que los más altos funcionarios del Gobierno, incluido el remodelado Tribunal Supremo, han dado a la defensa de las tesis de la continuidad de Chávez y su gabinete en el poder, haciendo de la juramentación un formalismo sin plazo, lugar ni modalidad. De allí también el aliento a la confrontación con la Mesa de la Unidad Democrática, por sus fundados alegatos sobre la inconstitucionalidad de las decisiones oficialistas y razonable propuesta de asumir la figura de la ausencia temporal.

Todo vale antes que asumir responsablemente el crudo balance y las acciones urgentes que la salud del país requiere. El lema es controlar el poder y escabullir el bulto.

Mientras tanto, las desafortunadas palabras del asesor de la Presidencia de Brasil desde los años de Lula, erigido en intérprete de la Constitución venezolana después de una visita a La Habana, son reveladoras de las acomodaticias posiciones que por acción u omisión han venido asumiendo los gobiernos latinoamericanos ante las crisis institucionales del vecindario. Los compromisos con la democracia, sus elementos esenciales y su institucionalidad, han sido reducidos a protocolos que hacen de los presidentes los únicos representantes legítimos de la autodeterminación democrática. Y así, fingiendo que en un país respetuoso de la institucionalidad como el suyo sería aceptable el tejemaneje gubernamental venezolano, el brasileño Marco Aurelio García ha lanzado la señal de la potencia emergente a todo el subcontinente y sus espacios de deliberación.

Por esos lados el balance de los últimos años tampoco es asumido con franqueza, como dejó entrever el presidente de Uruguay en torno al forzado ingreso de Venezuela al Mercosur, no obstante la conocida intención de Chávez de denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos. Digamos que, en relación con Venezuela, el balance económico, así sea de cuentas por cobrar, importa más que el patrimonio institucional ajeno.

En suma: es enorme y sigue creciendo el bulto que se nos vino encima, del que los venezolanos no nos podemos escabullir.