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Ramón Hernández

Errores y pifias

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En 1870 el químico alemán Erich von Wolf determinó el contenido de hierro en las espinacas, pero cuando anotaba el resultado en su cuaderno olvidó poner la coma del decimal. En lugar de 3,5 miligramos anotó 35 y desde entonces el desagradable vegetal ha sido un tormento para los niños del planeta. A pesar de que en 1937 fue corregido el error, 50 años después seguimos sufriendo el terrorismo mediático que protagonizó Popeye, el Marino, para promocionar el consumo de la Spinacia oleracea, precisamente sobre la base del error cometido por Wolf, su presunta riqueza en hierro. La leyenda pudo más que la corrección.

No sé en qué momento el ministro Jorge Giordani anotó mal cuando se apertrechaba de teorías revolucionarias y socialistas o si sólo se trata de una travesura de su memoria. No creo que sea un aporte suyo al pensamiento marxista que cinceló la extinta Academia de Ciencias de la Unión Soviética. Veamos como san Pablo.

En abril de 2009 el ministro de Finanzas y también de Planificación se quejaba de la gran dificultad que se le presentaba al proyecto político en el poder, y del cual era uno de los principales gestores, para construir el socialismo. Decía que no conocía un país en que se hubiese hecho desde la abundancia, que siempre ha sido a partir de la escasez y de la pobreza. Quienes lo escucharon no le exigieron demostraciones teóricas, mucho menos las fuentes bibliográficas que le permitían soltar tal aserto sin aclarar a qué espinaca llamaba socialismo.

Contra la afirmación del profesor, los teóricos y los estrategas del marxismo, un campo en el que desde hace mucho tiempo, ay, Mariátegui, ay, Salvador de la Plaza, los latinoamericanos no hacen aportes –y no me vengan con los apuntes del Che Guevara y los cancioneros Alí Primera–, han demostrado que la pobreza no genera revoluciones sino resignaciones. Lejos de morder la mano que le ofrece unas migas de pan, el hambriento la besa y agradece. La miseria no construye hombres libres sino pedigüeños y mendicantes. La pobreza sirve para mantener déspotas en el poder, como lo hizo Gómez, no para avanzar en el proceso civilizatorio. Ahí está el ejemplo de los cubanos, que fueron abundantes e ingeniosos hasta 1959 y la revolución los convirtió en miserables, la manera que hallaron los Castro para mantenerlos pisados.

Desconozco en qué fuentes revolucionarias abrevó el ingeniero electricista devenido en planificador económico y en financista-hacendista, aunque su única especialización académica sea la planificación urbana, precisamente la que no tuvo Farruco Sesto. Marx y Engels demostraron que sólo es posible repartir riqueza después de producirla, nunca antes, y que el sistema más dinámico en la producción de riqueza era el capitalismo, no el feudalismo al que se quiere llevar a Venezuela con la etiqueta de “socialismo del siglo XXI”. Vendo lupa y libro de Mantilla de primeras letras.