• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Andrés Cañizález

Eric Hobsbawm

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Falleció recientemente el internacionalmente reconocido historiador Eric Hobsbawm. Este influyente intelectual estuvo dentro de lo que podríamos llamar el star system cultural, pues logró combinar un rigor académico evidente con una nada despreciable posición en las marquesinas de las secciones culturales de los principales medios de comunicación del planeta. Esto último tal vez se originó, en buena medida, por el impacto que provocó su visión del “corto siglo XX”, que se centró en la revisión de lo ocurrido entre el estallido de la Primera Guerra Mundial y el derrumbe del Muro de Berlín, en Historia del siglo XX (Editorial Crítica, Barcelona, 1995). En dicho texto, que tuvo una acogida muy favorable tanto entre críticos como en un buen número de lectores (ha sido traducido a cerca de 10 idiomas), Hobsbawm, sin embargo, rompió con lo que había sido una línea de su trabajo, que se había centrado en el siglo XIX (con evidentes influencias marxistas), y por primera vez abordó el análisis de un período histórico contemporáneo, de cuyos sucesos –en buena medida– además fue testigo.

Nació en Alejandría en 1917, cuando Egipto formaba parte del imperio británico; se educó en la Viena de los años veinte, pasó su adolescencia en Berlín y abandonó Alemania con la llegada de Hitler al poder. Desde entonces vivió en Londres. Vivió un período en Colombia y Perú. Fue miembro de la British Academy y de la American Academy of Arts and Sciences, y hasta su retiro enseñó en la Universidad de Londres, en el Birkbeck College. Es evidente que esta vivencia internacional, precisamente a lo largo del siglo XX, le otorgó claves para su lectura.

Con constantes referencias a la influencia marxista en su vida intelectual, y de esta corriente en el propio quehacer de los estudios históricos, para Hobsbawm una vez derrumbado el Muro de Berlín, y con él –de alguna manera– una apuesta política comunista, resulta muy estimulante seguir haciendo historia desde el bando de los vencidos. Su amplia mirada sobre el siglo XIX se condensó, en buena medida, en la trilogía: La era de la revolución, 1789-1848, La era del capital, 1848-1875 y La era del imperio, 1875-1914, a la que luego se sumó Naciones y nacionalismo desde 1780.

Hobsbawm apuntó en la perspectiva de la “historia desde abajo” a una cuestión de método: en la “historia desde abajo” el problema del historiador, desde su punto de vista, no es tanto descubrir una buena fuente. Se trata de reunir una información a menudo fragmentaria; por lo que el reto está en que “debemos componer nosotros mismos el rompecabezas”. Para el autor, el nuevo enfoque implica para el historiador de los de abajo que no puede ser un positivista de la vieja escuela. Por otro lado, debe saber, en cierto modo, qué es lo que busca, y sólo si lo sabe puede reconocer si lo que encuentra encaja con su hipótesis o no.

Finalmente, otra cuestión de peso relevante en la mirada de Hobsbawm, que como hemos dicho en realidad disecciona la labor del historiador, está relacionada con el historiador y su época, en tanto esa época que justamente está viviendo pase a ser motivo de sus reflexiones y análisis. La mirada del autor sobre este tema surgió a propósito de su libro sobre el siglo XX, pues buena parte de los sucesos que aborda él pudo presenciarlos y vivirlos. Esta condición le otorga a quien escribe sobre los hechos contemporáneos una dosis muy personal, que si bien es inevitable en el análisis de cualquier período (incluso de los más remotos), es aquí asunto central. Para nuestro autor, en la medida en que el principio de la comprensión histórica es una apreciación de la otredad del pasado, y que el peor pecado de los historiadores es el anacronismo, los historiadores tienen una ventaja innata que compensa numerosas desventajas en relación con otros investigadores sociales, al observar y escribir sobre su tiempo presente. Hobsbawm se distinguió en este campo y con ello alcanzó una influencia diríamos que global.