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Boris Santos Gómez Uzqueda

Equilibrios petroleros: nuevas oportunidades

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El mundo está ingresando a nuevos paradigmas y nuevas fórmulas en el negocio petrolero: va a haber equilibrios de mercado para una especie de “cohabitación” entre el petróleo/convencional y el extraído vía fracking, de cuyos elementos centrales y técnicos hemos conversado en otras columnas.

Nuevas oportunidades van a surgir en este horizonte. Para todos: incluso para Venezuela y Bolivia.

Por ejemplo, para graficar este “equilibrio”: con una banda de precio del petróleo/convencional de 50-60 dólares el fracking va a tener margen no solo para “sobrevivir”, sino para ofertar nuevos volúmenes a un mercado que, está confirmado, siempre será ávido de consumir/necesitar petróleo, contrariamente a sus detractores y que hay mucho por consumir y no se va a “acabar” en esta generación. Naturalmente, se deben mejorar condiciones de producción y de consumo para elaborar nuevos modelos de eficiencia, pero de momento el petróleo (convencional y del fracking) va a continuar “gobernando” las finanzas mundiales. Urgen también equilibrios de consumidores de energía.

El precio del convencional (de referencia OPEP está en 46 dólares 24/06/2016) con altibajos obvios –una de ellas es la salida de Gran Bretaña de Europa que también pegó un poco en el precio del barril– pero la tendencia generalizada es que el petróleo convencional OPEP está mejorando precios rumbo a un equilibrio y estabilización.

Habrá sobreoferta mundial de petróleo que probablemente persista por lo menos durante un año llegando a “equilibrios” para 2017, porque OPEP permitió que sus socios siguieran bombeando producción sin recortar ni imponer recortes, ello permitió una baja del precio, ciertamente, pero logró no desalentar a futuro para que continúen inversiones y no poner en riesgo la oferta de volúmenes para el futuro.

El shale (o fracking de gas y de petróleo) no solo vuelve “a la carga”, sino que de continuar sin interrupciones la “subida” de precios del convencional la industria del fracking tendrá un espacio muy fuerte en mercado global de la energía, y América Latina no está ausente, como ya indicamos, de esa nueva dinámica.

El “retorno” de los precios “malos” del barril podría ser ya historia: las fuerzas están impulsando, de a poco y calmadamente, al alza: desde mediados de 2014 hasta principios de enero de 2016, el petróleo cayó 75%. De valer: 100 dólares/barril a poco más de 26, un precio insuficiente para que la industria del fracking cubriese sus costes de producción. Pese a ese golpe la industria norteamericana solo cayó 10% obligando a que la industria se vuelva, en este corto tiempo, más competitiva, desarrolle mejores condiciones de tecnología y corte costes innecesarios.

El mensaje de todo esto es que el mercado está recomponiendo fuerzas, mejorando condiciones de competitividad, estimulando inversiones más precisas y creando oportunidades en épocas de crisis, la baja de precios y su posterior paulatina recuperación junto a la innovación tecnológica y de management de las compañías harán de la industria mucho más flexible. América Latina y particularmente Venezuela y Bolivia deben ser muy creativas a tiempo de estimular que capitales privados sean protagonistas de inversiones en exploración, producción, refino y hasta en fracking, dándoles las comodidades estatales, de regulación y de estabilidad necesarias. Se perdió mucho tiempo y se despilfarró mucho dinero pero ahora en esta época de crisis y de eventual equilibrio de mercados la proactividad y el liderazgo deben primar.

Bolivia y Venezuela tienen que estar, en América Latina, a la vanguardia de generar propuestas pero sin chauvinismo y sin dobles-matices porque ya han comprobado, ambos países, que la caída de precios del petróleo sí afectó fuertemente sus economías.