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Miguel Ángel Cardozo

Epístolas del maligno testamento

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Las epístolas de sus malignidades, el pontifex maximus et doctor marxismus Jorge el Mayor y el defensor fidei Héctor, constituyen las piedras fundacionales de la teología socialista del siglo XXI y de sus dogmas esenciales, por lo que cobra particular relevancia una rigurosa labor exegética –y, por tanto, hermenéutica– que proporcione al rojo pueblo de Marx una depurada doctrina que coloque al alcance de su entendimiento las verdades últimas de la fe dieterichiana.

Por ello, quien les escribe ofrece –desde una perspectiva no sesgada que le confiere el nunca haber profesado dicha fe– una versión asequible para el lego y a través de la cual este pueda sumergirse en las densas tinieblas de su religión.

A continuación el resultado:

Rubrum Liber Popolo Marx

Malignantium Testamentum

In nomine Karolis, et Heinzis, et Hugonis.

Epistula Georgii

 

Capítulo 1

1.- Mi conciencia me obliga a exponeros las acciones con las que contribuí a cimentar las inicuas bases de la fe socialista del siglo XXI bajo la férrea guía de nuestro descendido Maestro.

2.- Asimismo, deseo daros detalles de las circunstancias en que desempeñé mi diabólico ministerio pontificio desde los meses previos a la transustanciación trirradical hasta el día de hoy, con el propósito de revelaros la vituperable herejía nicolaíta.

 

Capítulo 2

1.- Debo reafirmaros, en primer lugar, que pese a algunas diferencias doctrinales, mi estrecha relación con el galáctico Maestro permitió el establecimiento de la institución que hoy os aflige, tal y como siempre fue nuestra voluntad.

2.- De esa relación derivaron los dogmas de la fe que ahora profesáis y que desde entonces os ha alienado y reducido a esclavos de nuestros caprichos e instrumentos al servicio de nuestra desmedida ambición.

3.- Y fue precisamente en aras de consolidar vuestra fe que por expresa orden del Maestro proporcioné, a quien terminaría siendo su pérfido sucesor, los tres mandamientos que vosotros deberíais observar hasta el final de vuestros días, con lo que se sellaría definitivamente el infernal pacto dieterichiano.

 

Capítulo 3

1.- Dichos mandamientos os los señalo a continuación:

2.- Primer mandamiento: no medraréis, por cuanto habréis de vivir en perenne dependencia.

3.- Segundo mandamiento: no gozaréis de los beneficios de la institución que hemos creado para nuestro provecho, por lo que padeceréis bajo el yugo de sus demoníacas milicias.

4.- Tercer mandamiento: no produciréis ni vuestros propios alimentos y vestidos ni cualquier otra especie para el comercio con otros pueblos.

5.- En esos mandamientos se resumen los grandes desafíos de la religión que hemos construido para vosotros, a la que se han opuesto quienes gustan de la libertad, la justicia, el trabajo y demás antivalores.

6.- Por esa decidida oposición se requirieron de enormes sacrificios para que vuestras depravadas potencias os siguiesen dominando, privándose por ello, aunque temporalmente, de algunas riquezas que fueron repartidas entre vosotros a fin de encandilaros con aquello a lo que no debéis aspirar.

 

Capítulo 4

1.- Llegado a este punto no puedo continuar sin antes mencionaros los infames pilares que han sostenido tal dominación desde la fundación de vuestra religión:

2.- el envilecimiento de las milicias que os sojuzgan;

3.- la compra de vuestras almas;

4.- el absoluto control de vuestras vidas;

5.- la perpetua promesa de una gracia que nunca obtendréis con nosotros;

6.- la permanente lucha contra las benéficas potencias que pretenden sacaros del estado de postración en el que debéis continuar;

7.- y vuestra creencia en una inexistente comunión con quienes os esclavizan.

 

Capítulo 5

1.- Si bien esos pilares sostuvieron firmemente la institución que os agobia, con la noticia del inminente descendimiento del Maestro comenzó a agrietarse su antes cohesionada estructura, lo que me movió a plantear al predilecto discípulo de aquel la necesaria observancia de la doctrina que mantendría intacta vuestra fe.

2.- No obstante, con la acelerada sucesión que obligó la transustanciación trirradical, se desvió el cuidadosamente bien pensado camino hacia la eterna condenación que os trazamos en el transcurso de los largos años previos.

3.- Y así, ante las esperadas consecuencias de nuestras acciones en ese período, el heredero y sus aliados optaron por develaros cruentamente la verdadera naturaleza de lo que por dogma de fe siempre os ha debido estar vedado.

4.- ¡Herejía!

 

Capítulo 6

1.- Pero lo verdaderamente condenable es que a mi perniciosa autoridad pontifical aquel haya antepuesto los mandamientos de heréticos galos.

2.- Esto, junto con su abjuración de la prístina doctrina, ha sido la causa del cisma que ahora conocéis.

 

Capítulo 7

1.- Ante tal horror, deseo recordaros que mi infausto ministerio siempre estuvo guiado por los mandatos del galáctico Maestro.

2.- La doctrina resultante permitió reduciros a la mayor de las pobrezas, con lo que logramos que sirvierais fielmente a nuestros intereses.

 

Capítulo 8

1.- Con el advenimiento del hereje procuré por todos los medios impedir la desintegración de la religión con la que hemos querido edificaros un averno terrenal en el que todo sea oscuridad y crujir de dientes.

2.- Los intentos han sido infructuosos, porque a la ausencia de liderazgo del nefando heredero se une la orgiástica voracidad de quienes impíamente devoran las bases que sustentan nuestro malévolo poder.

3.- Pese a ello, dejo para la posteridad las directrices que conducen al profundo abismo de la miseria.

 

Capítulo 9

1.- Antes de despedirme de vosotros, os reafirmo mi inquebrantable promesa de seguir fiel a los ruines preceptos que siempre han guiado mi actuación.

2.- Por tanto, no seré partícipe de la demolición de la institución que debería subyugaros por los siglos de los siglos.

3.- Tengáis confianza en que seguiré trabajando con denuedo para que nunca dejéis de ser serviles adeptos de la doctrina que os ha legado el descendido y transustanciado Maestro.

4.- Amén.

 

 

Epistula Hectoris

 

Capítulo 1

1.- Hermanos: sabéis bien que en pocas ocasiones he reclamado vuestra atención, pero las actuales circunstancias me impelen a hacerlo.

2.- Deseo en primer lugar transmitiros la confirmación de su malignidad Jorge de que tan solo os ha dirigido una única epístola, cuyo fin ha sido el de exponer ante vosotros la preocupación compartida, desde antes de la descensión del Maestro, por las maléficas potencias de vuestra religión.

3.- Se os alerta así sobre las desviaciones de la doctrina primigenia que la herejía nicolaíta ha ocasionado, sin que las amonestaciones del pontífice Jorge, en uso de su mefistofélica autoridad, hayan conducido a un propósito de enmienda.

 

Capítulo 2

1.- Os pregunto entonces: ¿Ha obrado mal vuestro sumo sacerdote al pretender detener la herejía que amenaza con destruir la abominable institución en la que vosotros deberíais servirnos a perpetuidad?

2.- ¿No defenderéis acaso, desnudos y hambrientos, como siempre deberéis permanecer, los abyectos intereses de quienes hemos recibido el supremo mandato de oprimiros por los siglos de los siglos?

3.- ¿Es un delito el querer evitar que el sucesor sobrepuje en vileza a su Maestro y que, en su afán de romper el perverso equilibrio que junto a aquel logramos, se coaligue con extrañas potencias que no participan de nuestros vicios sino que, por el contrario, intentan imponer otros de los no podremos obtener ningún beneficio?

4.- Y por último, ¿no os sorprende que los amantes de la libertad, la justicia y la honestidad, valores estos incompatibles con nuestra doctrina, se deleiten ante el ultraje a vuestro maligno pontífice?

 

Capítulo 3

1.- Os exhorto a que, como ciegos instrumentos a nuestro servicio, hagáis los esfuerzos necesarios para impedir que dicha herejía continúe y reduzca a cenizas la institución que está llamada a infligiros la mayor suma de infelicidad posible, para eterna gloria del galáctico Maestro.

2.- Finalmente, no olvidéis jamás que vuestra fe se fortalece con la mentira, el fingimiento y la turbidez. Esos son los pilares de la aviesa doctrina que siempre deberéis profesar.

 

Nota del exegeta: Las oscuras barreras del galimatías dieterichiano de las epístolas de sus malignidades Jorge y Héctor, eximen a este humilde pero incansable buscador de la verdad de cualquier responsabilidad por errores de interpretación en los que haya podido incurrir a causa de tan complejo lenguaje.

 

P. S.: Mi columna de hoy es tan solo un paréntesis de negro humor en tiempos de tribulación, por lo que la dedico a esos valientes venezolanos que, mediante un uso inteligente del más importante de los sentidos, nos brindan la posibilidad de experimentar los balsámicos efectos de la mejor medicina para la angustia y la desesperación: la risa.

 

 

@MiguelCardozoM