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Santiago Zerpa

La Entrega

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The Drop, traducido al español como La Entrega, es un libro sincero, sencillo y rudo. Una novela negra extraña que se queda pitando en tus oídos, como cuando aguantas mucho tiempo la respiración bajo el agua. Y es que Dennis Lehane, quizás uno de los grandes escritores vivos del género, elabora en sus casi doscientas páginas una historia violenta e irracional de manera tan trivial, común y cercana que hasta logra dar algo de miedo. Lehane, que ha escrito grandes obras como Mystic Rivero Shutter Island (llevadas al cine por Clint Eastwood y Martin Scorsese) y ha sido guionista de series televisivas exitosas como The Wirey Boardwalk Empire, regresa a los suburbios turbios y grises que tanto le atraen para desarrollar una novela llena de personajes impenetrables que cruzan, invariablemente, los parámetros clásicos de la tradición norteamericana del género negro. Y es que The Drop, que también ha sido llevada a la pantalla grande con guion del propio Lehane, nos sumerge desde sus primeras páginas en una agridulce Boston de la que resulta difícil despegarse. Los barrios obreros, los trabajadores portuarios, los policías en decadencia y los bares de mala muerte parecen los adornos perfectos para una serie de historias conexas que, con navidad de fondo, nos demuestran las habilidades de escritor que tiene Lehane: diálogos avasallantes, descripciones precisas y una forma de relatar las emociones fuertes y la violencia desmedida con la delicadeza de un enamorado.

La historia se divide en varias partes. Primero nos encontramos con Bob Saginowski, un personaje solitario y abatido que adquiere de alguna forma el protagonismo de la novela. Un hombre perdido en cuerpo y alma que intenta diariamente encontrar algún tipo de mensaje durante sus matutinas asistencias a la iglesia. Bob trabaja como bartender en el bar de Cousin Marv’s, un antro en medio de un barrio obrero de Boston que sirve como base de operaciones para un sinfín de negocios ilícitos por parte de la mafia local. El primo Marv, que en realidad sí es primo de Bob, y su jefe, es un antiguo mafioso al que le han pasado sus mejores años frente a los ojos. Tanto Bob como Marv son dos personajes que se han ido sumergiendo en una rutina asfixiante y de la cual no encuentran cómo salir. La vida los ha golpeado, los ha magullado, y les ha jugado sucio sin que ellos pudieran hacer nada para defenderse. Así sobreviven el día a día, intentando encontrar respuestas detrás de una barra mientras les sirven cerveza a los mismos fieles clientes de siempre. Pero la monotonía no tarda en volcarse contra ellos de forma rápida, violenta y sobre todo muy efectiva. Bob rescata de un basurero a un maltrecho cachorro que decide adoptar. En el proceso conoce a Nadia, una mujer extraña y llena de preguntas con una cicatriz que le atraviesa la garganta. Además, el bar, que en realidad le pertenece a la mafia, es robado. La policía empieza a investigar el asunto mientras Bob y Marv deben rendirle cuentas a una furiosa mafia chechena que exige la pronta recuperación de su dinero. Por si fuera poco aparece Eric Deeds, un personaje violento, visceral y esquivo como una sombra. Eric reclama que el cachorro le pertenece, que Nadia le pertenece, que el jodido mundo le pertenece y que pobre de quien se atreva a cruzársele en el camino. Inestable, explosivo, peligroso, se introduce en medio de la apacible y somnolienta vida de un Bob que intenta descifrar qué carajo fue lo que le sucedió. Y ahí es donde la pluma de Lehane cobra vida, porque además del desgarrador catálogo de personajes que se están ahogando en sus propias vidas, nos presenta un sinfín de diálogos concretos pero devastadores. Los silencios, las pausas, las palabras precisas que dice cada personaje sin duda son los recursos que se encargan de colorear al abarrotado mundo que nos intenta plasmar. Tal y como sugiere el propio Lehane durante el capítulo cuatro de la novela, su narración se parece a la descripción que realiza sobre “la ciudad”: hay una primera ciudad que es la superficial, donde todos vivimos, la que todos vemos, con sus edificios, tiendas, trabajadores y viviendas; y hay una segunda ciudad, subterránea, escondida, que es donde se maneja todo, la que nos rodea siempre aunque pasemos toda nuestra vida ignorando que existe. Así, de la misma forma que con las ciudades, en la escritura de Lehane ocurre un fenómeno parecido. Hay un primer nivel de historia que es donde habitan los personajes, las acciones, los escenarios, pero hay un segundo nivel más profundo e intenso que es el que mueve los hilos de todo lo demás. Ése segundo nivel es terrible y desolador porque no es sólo el que conecta las almas de todos los personajes, sino también es el que logra introducirse entre las costillas de un lector que empieza a inquietarse a medida que va avanzando en la lectura y descubre que quizás tiene mucho en común con el solitario Bob, con el frustrado primo Marv, con la indescifrable Nadia. Un lector que se encuentra en su día a día tan perdido y desolado como los protagonistas de la historia, que ve a sus vecinos y familiares como piezas que encajan perfectamente dentro de la novela. Y eso es lo que hace Lehane, y por eso da gusto pasarse o, mejor dicho, perderse entre sus páginas. Porque descubres un escritor que no sólo escribe de lo que sabe, sino que además lo hace muy bien.