El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Ramón Hernández

Engaño vil

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A Josefina le faltan dos años para cumplir los 30. No es bachiller, se retiró del tercer año cuando quedó embarazada.

Ya tiene tres hijos. Una niña de 11 años de edad y dos varones de 9 y de 7. No tiene trabajo fijo y desde finales de 2010 vive en un refugio. Su marido es obrero de la construcción, pero los sábados y domingos, y algunas noches, es ayudante en un carrito de perros calientes.

Su casa fue una de las primeras que se cayeron en Macayapa, en la carretera vieja de La Guaira.

Estuvieron damnificados en un hotel de la carretera de El Junquito varios meses. Fue una experiencia desagradable, pero también una enseñanza.

Desde que llegaron les dijeron que no se preocuparan, que en poco tiempo les "adjudicarían" una vivienda, que su cuadro familiar reunía todos los requisitos para ser beneficiario del programa gubernamental. Los cambiaron de refugio, a otro hotel, pero antes los llevaron a una urbanización en construcción entre Cúa y Charallave. Les enseñaron el apartamento modelo, de 64,7 metros, con 2 habitaciones, sala-comedor, cocina y lavandero.

Son chiquiticos; en la pieza principal no cabe el juego de cuarto, pero peor es nada, el refugio, el baño compartido, la ausencia de privacidad, depender de los otros hasta para comer. Nada es bueno en el refugio, pero uno se acostumbra y aguanta, porque ese es el precio para tener un apartamento, aunque no se tengan los papeles de propiedad y sea estrecho.

Pasan los meses y les anuncian que hubo un cambio, que ya no les van a dar el apartamento que les enseñaron sino otro. Los llevan para que vean que no es cuento.

Se decepcionan porque apenas le han terminado las paredes y será más larga la espera. La ventaja es que no los van a llevar tan lejos y que se quedan en Caracas, en Mamera. En diciembre les anunciaban que en julio se mudaban, que tenían que buscarles escuela a los hijos, que empezarían el próximo año escolar con casa nueva. Alegría general. Hasta hicieron una parrilla en el refugio los que aparecían como beneficiados y hubo cervecita.

La semana pasada tuvieron una visita inesperada en el refugio. Una señora con el pelo pintado de amarillo, una cachucha con la estrella de Converse en rojo y chemise roja fue llamando a las familias que tenía anotadas en una carpeta marrón. Por circunstancias que nadie entendió no los iban a reubicar en el apartamento que les habían dicho, que "arriba" habían decidido llevarlos a un sitio mejor. No terminaba la espera, pero ahora con el agravante de que habían cambiado a los hijos de escuela y perdieron el cupo.

"No se preocupen, el Gobierno les va a poner un transporte". Vendo antología de la demagogia, muy usada pero en perfecto funcionamiento.

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