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Miguel Ángel Cardozo

Enfocando: palabras de Chúo, trazos de Weil y salud en órbita

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En el blanco
Son tantos los intereses involucrados en el juego político que, con frecuencia, quienes en este participan sacrifican lo sustantivo, pero en la Venezuela socialista de principios del siglo XXI, con ese juego devenido guerra, la magnitud del peligro terminó socavando la coherencia de muchos actores de la oposición, quedando claro que el camino que obstinadamente intentaban abrir entre una espesa maleza –el de la apelación a la buena voluntad, al sentido del honor y al apego a la justicia de la satrapía, para la constitución de un gobierno de coalición que allanase el terreno al restablecimiento de la democracia, o para que abandonasen el modelo que durante tres lustros y de manera sistemática implementaron–, solo podría conducir a un hondo abismo, como hace tiempo lo entendió el ciudadano “de a pie” –porque no se requiere ser un experto analista político para darse cuenta de que de lo que precisamente carece este régimen es de buena voluntad, sentido del honor y apego a la justicia–.

Por ello, resulta alentador que el licenciado Jesús “Chúo” Torrealba, recientemente designado secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, haya puesto desde ya los puntos sobre algunas íes, particularmente sobre dos de extrema relevancia: que no hay dos bandos de pueblo enfrentados sino una inmensa mayoría de los venezolanos –que ubicó en alrededor de 80%– que rechaza al actual régimen y que el verdadero diálogo debe ser con esa inmensa mayoría.

Es pertinente hacer énfasis en ambas cosas dado que con frecuencia se oyen no pocas voces opositoras que insisten en que lo que debe hacerse para superar esta debacle es plantearle soluciones al gobierno, como si a este realmente le importase el bienestar de los venezolanos y no su permanencia en el poder mediante la imposición de su propia agenda.

La verdad es que no se puede desperdiciar hoy tiempo y esfuerzo en el planteamiento de soluciones a una indecorosa plutocracia interesada solo en el logro de sus aviesos propósitos, sino que, por el contrario, toda la energía de la oposición democrática debe emplearse en la construcción consensuada de un proyecto de país coherente; un proyecto que impela a la sociedad venezolana a actuar con resolución y firmeza, y en el marco de la Constitución y las leyes, para poner fin a la locura socialista del siglo XXI.

Si en ese sentido apuntan las recientes declaraciones del licenciado Torrealba, no sorprende el que haya sido vilipendiado con escatológica saña.

La cruz y la hoz
La disparatada, irresponsable y denigrante aseveración de que una caricatura del extraordinario humorista gráfico Roberto Weil fue una suerte de macabra pieza de la pretendida conspiración transnacional a la que se atribuye el condenable asesinato del joven diputado Serra, es clara evidencia de los niveles de desesperación a los que ha llegado un régimen que está dispuesto a valerse de cualquier ardid para apartar del medio a todo el que interfiere en su marcha neototalitaria.

Pero además, este nuevo despropósito pone de relieve las arquetípicas “cualidades” con las que se intenta inspirar en el país el surgimiento del “hombre nuevo”, principalmente la inicua capacidad de utilizar a la persona humana –y a su memoria– como válido instrumento para el logro de oscuros fines, lo que de hecho ya es costumbre en “revolución”, porque a la muerte de cada alto funcionario del régimen se le ha extraído hasta la última gota de material aprovechable para la invención de teorías conspirativas que luego sirven de justificación al desencadenamiento de una razia sin control.

En este caso, otra abominable muerte constituye el pretexto perfecto para que un puñado de cruces se erijan en “pruebas” irrefutables de la ejecución de un plan multilateral cuyo propósito sería desatar una megaconflagración en el país, con lo que una amenazante hoz, cuan espada yihadista, vuelve a pender peligrosamente sobre los expuestos cuellos de los demócratas venezolanos.

El precio de la chatarra
Mientras la fiebre chikungunya, el dengue, las cardiopatías, el cáncer, la diabetes e innumerables enfermedades causan estragos en Venezuela, el régimen firma, con bombos y platillos, un convenio para el lanzamiento al espacio de otro satélite de manufactura china.

Ante la noticia, cualquier incauto –si es que alguno queda en el país– podría pensar que el nuevo dispendio es resultado de una estructural incapacidad para establecer prioridades, pero lo cierto es que esa transacción comercial reafirma la intención de la oligarquía socialista de seguir transitando la ruta trazada hace años por los promotores del actual modelo; una ruta en la que la salud, la educación y la ciencia, tecnología e innovación, solo poseen un retorcido carácter utilitario, por lo que las políticas en esas materias se diseñan e implementan como otros de los tantos mecanismos de opresión.

Que no extrañe entonces que mientras la crisis sanitaria se profundiza, los recursos del Estado se destinan a fines distintos al aseguramiento de la calidad de vida de los venezolanos y a la prevención de graves contingencias, como –Dios no lo permita– un posible brote de ébola, lo que –tal como señalaba quien les escribe en su columna del 21 de agosto del corriente, publicada en El Nacional (http://www.el-nacional.com/miguel_angel_cardozo/Venezuela-enfermedad-ebola_0_467953323.html)– colocaría “a la nación en una situación de absoluta indefensión si, contra todos los pronósticos […], el terrible mal hiciere su dramática aparición en medio de una desprevenida población”.

Solo cabe la palabra “criminal” a la puesta en órbita de la salud del pueblo venezolano; puesta en órbita porque con tal disipación de la riqueza nacional, lo único que quedará de la sanidad del país será el rastro del dinero que debió invertirse en aquella pero que terminó malbaratándose en otro desecho espacial.
Ese es el precio de la chatarra.

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM