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Freddy Lepage

Encuestas que atormentan y desatan demonios

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Nunca antes la revolución bolivariana había caído tan bajo en aceptación popular, todos los sondeos de opinión son demoledores ante la cruda realidad que tiene que enfrentar Nicolás Maduro y su grupo en cuanto a lo que piensa la gente –chavistas y no chavistas– sobre su pésima gestión de gobierno. De allí las muchas acciones tomadas, como consecuencia de la inseguridad y el temor a seguir cuesta abajo en la rodada.

Las manifestaciones estudiantiles comenzadas en febrero pasado cambiaron la agenda oficialista, en lo que parecía un año sin mayores tropiezos, habida cuenta de habían ganado –a su manera– las elecciones municipales. Amén de que tampoco estaba prevista ningún tipo de contienda de carácter electoral. O sea, todo sería coser y cantar.

Estoy persuadido de que ante ese panorama el régimen pensó que tenía suficiente juego de muñeca para correr la arruga, mientras las recién liberadas corrientes internas del chavismo sin Chávez se ponían de acuerdo para decidir cómo seguir conduciendo los destinos del país sin la luz y sabiduría del comandante supremo. Es decir, aprender a caminar solos y tomar decisiones por su cuenta cuando tenían más de 15 años sin mover una neurona.

Pues bien, en ese ínterin no se movió ni una paja para atender las necesidades del colectivo. Giordani –por cierto ahora defenestrado– atrincherado en su despacho sin ceder ni un ápice y Merentes viendo cómo se acomodaba ante esa nueva realidad para sobrevivir. Rafael Ramírez –dueño de los billetes– hacía lo propio en ese proceso de ajustes para conservar o acrecentar su poder, como en efecto fue. Esto sin dejar por fuera el aumento exponencial de la presencia militar que abarca todos los campos de la administración, esto significó la paralización de las medidas necesarias para que el país siguiera su curso dentro de alguna normalidad.

Esta confusión de propuestas y contrapropuestas en materia económica y financiera –aderezadas con una alta dosis de un dogmatismo comunista trasnochado– hicieron que se acumulara la deuda externa de todos los sectores productivos y de servicios del país a un nivel que, hoy en día, resulta impagable, al menos en el mediano plazo. Lo que ha traído aparejado un profundo malestar social como consecuencia del deterioro acelerado de la calidad de vida de los sectores más empobrecidos y de la golpeada clase media para rendir sus menguados ingresos.

Ante semejante cuadro, la solución es la represión y el silenciamiento de los pocos medios independientes que aún sobreviven. En fin, las encuestas bien hechas –sin sesgos– son un retrato de la realidad del momento en que se hacen; por eso, a veces, no dejan dormir y causan pesadillas extremas que llevan a algunos gobiernos a la tentación totalitaria de acabar con la incómoda disidencia política al costo que sea.                     

@Freddy_Lepage