• Caracas (Venezuela)

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Víctor Rodríguez Cedeño

Encuentros sinceros, no desencuentros frustrantes

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Durante más de catorce años el régimen bolivariano práctico una suerte de “democracia aparente” que le permitió, una vez a Chávez y ahora a Maduro, un apoyo externo, a la vez que impidió que se activaran las alertas y los mecanismos para defender la libertad en Venezuela. Pero hoy, ante la realidad que había permanecido oculta por mucho tiempo bajo la manipulación chavista, Maduro decide abandonar definitivamente el espacio democrático, patear la Constitución, aunque la exhiba como un trofeo en sus cadenas y desvestirse ante la opinión pública nacional e internacional.

Desde los primeros días de febrero de este año el régimen decidió acabar con la oposición; perseguir a su dirigencia; destituir arbitrariamente a diputados y alcaldes opositores; reprimir y encarcelar arbitrariamente a disidentes y resistentes que ejercían su derecho a la protesta; en fin, violar de manera generalizada y sistemática los derechos humanos, en el ejercicio de una abominable política de Estado.

Si antes no se quería entender nuestra realidad, menos aun aceptarla,  por ese juego del régimen de democracia aparente, hoy el mundo lo ve claramente y apoya a los venezolanos que luchan por su libertad. El recibimiento a los diputados de la democracia, María Corina Machado al frente, en Parlamentos extranjeros y en instituciones internacionales muestra ese cambio de actitud del  mundo ante la innegable crisis venezolana que, hasta hace apenas unos días, los irresponsables que gobiernan negaban sistemáticamente.

Lo cierto es que mientras afuera se condena al régimen por sus ataques desproporcionados a una gran parte de la población, la mayoría de los venezolanos  reclama con justicia un cambio de rumbo y pide una salida democrática a la crisis. Unos apoyan el dialogo, pero no cualquier dialogo; otros la protesta, pero no toda protesta, sino la pacífica y organizada, con objetivos claros, que en definitiva son comunes: el cambio de rumbo, la restitución de las libertades, el respeto pleno de la Constitución.

El régimen llama a un dialogo que no se caracteriza precisamente por su transparencia; un llamado calculado que busca oxigeno para, en  medio de una aparente pausa, radicalizar el proyecto político al que definitivamente se opone la mayoría de los venezolanos. La MUD, representativa de una parte importante y organizada de la oposición, acepta ir al encuentro en medio de justificadas dudas sobre la sinceridad del llamado que no significará, según las declaraciones de los mismos oficialistas, una negociación que pueda arrojar resultados, es decir,  acuerdos validos y que, más grave aún,  puedan ser ejecutados de buena fe por el régimen. Los estudiantes, por su parte, apoyados por importantes sectores de la oposición, se oponen a un dialogo sin condiciones ni agenda y llaman a la protesta pacífica para presionar al régimen a que debata lo que ha generado el malestar que conduce a la calle.

Se avanza en el “diálogo” también en la calle. Pero, algo está claro: ni la dirigencia política opositora, dentro o fuera de la MUD, como tampoco los representantes del movimiento estudiantil, pueden adoptar posiciones divorciadas de la realidad nacional e ignorar a los venezolanos de la calle,  los que sufren la dictadura madurista en todos sus aspectos, sin consultarles, sin oir sus planteamientos y exigencias.. Los venezolanos, esos que no integramos la MUD ni somos militantes de uno de sus partidos y que tampoco formamos partes del movimiento estudiantil, esperamos de quienes hoy asumen la representación de todos que exijan al régimen la liberación de todos los presos políticos y no un certificado médico más del comisario Simonovis para decidir si puede ser beneficiado con una “medida humanitaria”; la investigación, por parte de una Comisión de la Verdad imparcial e independiente - de la cual no pueden formar parte los Cabello del régimen- sobre todo lo ocurrido desde  febrero- los asesinatos de estudiantes en primer lugar-, para que se aplique la justicia a la que tanto se refieren para justificar su negativa a una Ley de Amnistía; la nulidad de las decisiones del Tribunal Supremo sobre las destituciones de María Corina Machado y de los alcaldes de San Cristóbal y de San Diego; y,  la reestructuración de los poderes públicos: elección del fiscal, contralor general, defensor del pueblo, los rectores electorales y los magistrados del Tribunal Supremo, en forma justa y democrática que garantice su independencia y autonomía y genere confianza.

No se trata de dialogar por dialogar,  ni de olvidar la protesta como medio de expresión del descontento. Se trata de ir a encuentros serios y no de desencuentros frustrantes. Si de enfriar la calle para avanzar en la “construcción de espacios” se trata, el futuro del “diálogo” es absolutamente incierto. Lo que está en juego, en definitiva, no es un kilo de harina, sino la libertad y la dignidad y es a eso que deben responder quienes hoy, desde cualquier tribuna, nos representan.