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Carlos Sánchez Berzain

Elecciones para el dictador boliviano

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La dictadura del siglo XXI en Bolivia está en campaña para llevar adelante elecciones el 12 de octubre de este año y re-reelegir a Evo Morales. Es la crónica de un fraude anunciado que pone en escena la comedia de la “simulación democrática”. El proceso electoral en Bolivia se ha convertido en una sucesión de delitos y manipulaciones de franquicia del socialismo del siglo XXI y sus operadores locales. Tal como aconteció en Venezuela, el fraude para el candidato oficialista está en pleno desarrollo. Lo que estamos viendo y lo que vendrá, ratifica que Bolivia no vive en democracia. 

Hay democracia cuando concurren -entre otros- los cinco elementos esenciales establecidos por la Carta Democrática Interamericana: “el respeto a los derechos humanos y la libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Las elecciones en si mismas no son democracia, son un elemento de la democracia si son limpias, si hay igualdad para candidatos y votantes, si el voto no es sometido a coacciones y no se manipula su sentido. Cuando las elecciones se usan para la “prórroga indefinida” en el poder, se convierten en un instrumento de la dictadura en lugar de un elemento de la democracia. Todos los países del socialismo del siglo XXI han hecho de las elecciones manipuladas el medio para sostenerse indefinidamente en el poder.

Las elecciones en Bolivia, están preparadas para que el dictador boliviano se reelija con un “masivo respaldo”. Para eso, el primer acto de fraude ha sido la habilitación de Evo Morales como candidato, cuando su propia constitución del estado plurinacional prohíbe su reelección, pero como controla todos los poderes del Estado, su Tribunal Constitucional ha habilitado ilegalmente su candidatura.

Ahora aplican en Bolivia todas técnicas de fraude ya usadas en Venezuela y otros países del grupo: el control de la identificación personal y del registro de electores; la coacción a candidatos y electores; el traslado de ciudadanos; el control político del órgano electoral y de sus miembros nombrados por el candidato a ser reelegido; gastos extraordinarios en la campaña oficialista incluyendo recursos y bienes del Estado; ventaja ilegal en la publicidad de campaña; complicidad de los funcionarios electorales para encubrir el fraude electoral; ejecución de obras publicas concretas como medio de campaña; control de medios de comunicación; el denominado “voto comunitario” suplantando el voto secreto; manipulación de los sistemas de cómputo; soborno directo y con obras públicas o prebendas; el cambio del mapa electoral modificando las circunscripciones territoriales, y más… 

Las elecciones en Bolivia se realizarán con múltiples candidaturas “de oposición” que el dictador Morales permite y que le convienen. Líderes y potenciales candidatos están exiliados, presos políticos o simplemente inhabilitados por la criminalización de la política a través del poder judicial que Morales también controla. Morales opera una oposición dividida, (las dictaduras crean y administran su propia oposición para simular democracia) por eso su Ministro de Gobierno denunció esta semana, que “la oposición pretende unirse” atribuyendo la “conspiración” al contenido del libro “La dictadura del siglo XXI en Bolivia”. 

El “Poder Electoral” de Evo Morales acaba de modificar las circunscripciones electorales en un nuevo “mapa electoral” -igual que en Venezuela- para ajustar el territorio a la conveniencia oficialista. Morales tiene hoy según encuestas un respaldo de cerca de 33% de la población boliviana, pero ha anunciado que ganará las elecciones con 70% de votos. Así como van las cosas, seguro que lo hará porque son elecciones arregladas para el dictador boliviano.