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Hebert Gatto

Elecciones en el Uruguay

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Dada la proximidad de la resolución del proceso electoral resulta lógico que los uruguayos, pese a su falta de entusiasmo, comiencen a definir sus preferencias. Aunque el desleído fervor que se recoge en las actuales circunstancias, diste del anterior interés que se observó en los comicios previos. Algo que se reproduce de elección en elección como si el entusiasmo político fuera un bien escaso reservado para determinadas ocasiones; por ejemplo, la aparición con aspiraciones de dominancia nacional de una fuerza nueva capaz por su solo impulso de establecer un país renovado.

Hablamos de las elecciones del 2004, pero también de las siguientes (la del 2009, con Mujica), donde el país fue sorprendido por la aparición de una novedosa fuerza política capaz de arrancar "hasta las raíces de los árboles", una figura que ilustró -quizás con exceso- las diferencias que lo separaban en ese momento de las propuestas de sus rivales. Por eso, en esa instancia se impuso la esperanza en la percepción popular de que el nuevo partido era una identidad ideológica distinta que prometía, con su sola aplicación, el surgimiento de una nación diametralmente opuesta en la que no seguiríamos vegetando. El Uruguay tenía la posibilidad de convertirse en una nación nueva donde por vez primera los desafíos ideológicos cuestionaban la tradición de un país que no estaba preparado para contestarlos.

Hoy todo es diferente, el FA, con algunas excepciones como su ala sindical y quienes la apoyan, está compuesto por partidos de naturaleza democrática que solo aspiran a desempeñarse de esa forma durante cinco años, produciendo aquellos cambios que las características constitucionales de una colectividad social demócrata y sus propios programas les permitan. 

Aunque sigan manteniendo el pecado de origen que tantas veces hemos resaltado, de su unión electoral, y en ciertos aspectos ideológica con partidos que carecen o parecen carecer de orientación definidamente democrática como el MPP o el PCU, aunque ambos y los grupos menores que los rodean, se presentan en declive. 

El candidato a la Presidencia ha hecho coincidir su programa con los actuales anuncios del Frente Líber Seregni, compuesto por el partido que acaudilla Rafael Michelini junto al que conduce Nin Novoa. Por su parte, el Vicepresidente Danilo Astori anunció su acercamiento al Partido Socialista, lo que significa una agrupación de fuerzas que dadas las condiciones actuales parece asegurarle la mayoría adentro de la coalición, aunque no la seguridad de la vicepresidencia. 

Al interior del partido de gobierno, los colectivos y los individuos que responden a Constanza Moreira han reafirmado su fidelidad a una interpretación del programa frentista, fincada en sus aspectos más radicales, pero ello no evita percibir que están viviendo una contradicción, existencialmente nada cómoda, entre sus tradiciones de izquierda y los anuncios efectuados por el candidato de la mayoría, una contradicción que desestabiliza al Frente, que ya no goza tampoco de la primicia de emerger en la liza como una fuerza nueva. 

En sucesivas entregas analizaremos a la oposición que por primera vez desde las últimas elecciones no enfrenta rastros de fenómenos políticos anormales -presencia determinante del FA- y, en esa medida, se explica los actuales y ambiguos pronósticos en circulación.