• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Jair de Freitas

Efectos laborales del control cambiario

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Desde la vigencia de los controles para la obtención de divisas extranjeras en nuestro país, las distorsiones económicas se han acentuado, lo que ha dado lugar a un peligroso caldo cuyos ingredientes incluyen alcabalas procedimentales, discrecionalidad administrativa e incumplimiento de lapsos establecidos. En otras palabras: Cadivi fomentó un sistema clientelista, corrupto y marcado por el desarrollo de estructuras ilícitas paralelas.

Para quienes aún no entienden, los anuncios económicos en materia cambiaria dictados por el presidente durante la consignación de la Memoria y Cuenta en la Asamblea Nacional, les rajaron por la mitad los billetes a todos los venezolanos. Al mismo tiempo hay que decir que peligrosamente nos están acostumbrando a rogar el cumplimiento de los derechos económicos establecidos en la Constitución vigente, cuando en realidad lo que corresponde es exigirlos.

Estamos en un país en el que al régimen no le importa que todo se importe. El evidente fracaso de la política de sustitución de importaciones (o desarrollo endógeno, para decirlo en jerga revolucionaria) agudiza la dependencia de los billetes verdes provenientes de la renta petrolera. La balanza comercial arroja un saldo negativo creciente, e incluso la mayor parte de la materia prima de lo poco que se procesa en el país viene del extranjero. Mientras Cadivi huele a una combinación de formol con aroma de La Bonanza, un nuevo lema surge en la segunda cruzada de los precios justos: ¡Sin Sicad no hay paraíso!

Atención, que el tema del acceso lícito a las divisas no es solo un problema de inversionistas, empresarios y patronos, sino de todos los ciudadanos y, muy especialmente, de los trabajadores. En efecto, el pasado 14 de octubre de 2013 publiqué en mi cuenta de Twitter que la crisis del sistema cambiario venezolano tendría impacto directo en la tasa de empleo de 2014. Apenas un trimestre después, la verdad salta a la vista.

En primer lugar porque la tasa de riesgo-país es alta. La incertidumbre económica, la carencia de seguridad jurídica y la falta de entendimiento entre los actores sociales desestimulan la inversión extranjera, que no cuenta con garantías suficientes de repatriar sus ganancias en dólares. Por lo tanto, el incremento o no del desempleo dependerá cada vez más de la capacidad limitada del Estado para absorber el desplazamiento de la masa laboral del sector privado al público.

En segundo lugar, porque tanto la actividad comercial como la producción nacional dependen directamente del acceso lícito a la moneda extranjera para la importación de componentes de materia prima e incluso de productos terminados. Recordemos, por ejemplo, la parada programada de Toyota Cumaná entre finales de octubre y principios de noviembre de 2013 por falta de divisas. Más recientemente, Polar comunicó que retrasos de Cadivi elevan la deuda de dicha empresa con proveedores internacionales a más de 460 millones de dólares americanos. Y, por supuesto, la reprochable demora en la liquidación de los montos aprobados a los medios de comunicación impresos como el diario El Impulso y El Nacional que, como muchos otros, dependen de materia prima importada para garantizar la fuente de empleo directo e indirecto a muchas familias venezolanas.

La enfermedad no se resuelve atacando el síntoma, sino la causa. Mientras más avancemos por el sendero equivocado, mayor será el tiempo que nos tomará retornar al punto de desvío. El presidente obrero no se ha percatado de que las intermitencias en el proceso productivo por la falta de dólares afecta el pago de bonos de producción y otros esquemas de compensación variable basados en el cumplimiento de metas. Estos son los efectos laborales del control cambiario.

@jair_defreitas jair_defreitas_1@hotmail.com