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Elio Gómez Grillo

Edmundo Chirinos, un gran venezolano

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Con el fallecimiento de Edmundo Chirinos (1934-2013) pierde Venezuela un gran venezolano, grande entre los grandes venezolanos. Que descanse en paz. Falconiano, de Churuguara, vivió su infancia entre Barquisimeto y Maiquetía. Cursó bachillerato en Caracas en los liceos Aplicación y Luis Razetti y en nuestra Universidad Central estudió y obtuvo los títulos de médico y de psicólogo.

En esa misma UCV cumplió una trayectoria ejemplar, realmente admirable. Fue máximo dirigente estudiantil y, ya graduado, profesor en las Escuelas de Medicina y de Psicología. De esta última había sido cofundador con el profesor Guillermo Pérez Enciso y luego, director de ella. Se le eligió decano de la Facultad de Humanidades y Educación, donde fundó la Escuela de Arte. Más tarde fue elegido rector de esa Universidad Central de Venezuela y posteriormente surgió como candidato a la Presidencia de la República y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, en la cual presidió la Comisión de Cultura y Arte.

Todas estas altísimas responsabilidades públicas las cumplió Edmundo Chirinos brillantemente, con absoluta eficiencia y honestidad. Cuando se le eligió rector, una de sus primeras iniciativas fue convocar a un grupo de distinguidos universitarios con la intención –dijo entonces en su primera reunión con ellos– de iniciar una serie de sucesivos encuentros de amigos ucevistas… “El marco de referencia que ustedes pueden ofrecer tan calificadamente –añadió– incide sobre el mundo educativo y en particular sobre la educación superior y en la vida de las universidades”.  En reunión posterior expuso: “Hemos venido difundiendo la tesis de una cuarta función para la universidad, la producción… Hemos sostenido el concepto de la universidad productiva, en función de la situación económica del país, pero también conceptualizando una universidad menos academicista o teoricista, que no es lo mismo que menos teórica y menos académica, pero sí vinculada a la búsqueda de soluciones de problemas concretos en la producción del país y en su definición de nación independiente”.

En su libro Hacia un proyecto educativo venezolano (Caracas, 1986), prologado por el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, asienta Chirinos que compete a la educación humanizar el desarrollo y disminuir la potencialidad básica para forjar un futuro culturalmente más independiente. “Se requiere algo más que unas leyes, adecuados recursos económicos y políticas concebidas con buenas intenciones. Nos conturba –prosigue diciendo– el alto índice de analfabetismo, el descuido de las poblaciones indígenas, la situación económica y cultural de la población marginal de las principales áreas urbanas, el nivel cultural y de vida de los obreros y campesinos, el consumismo irracional, el despilfarro, la degradación y la corrupción en todas sus manifestaciones. Se trata de multiplicar y comprometer la cooperación y los esfuerzos en otra dimensión y perspectiva de servicio social. No se trata ya de recurrir a los desacreditados pactos políticos- partidistas” (pp. 106/107).

Así hablaba y así enseñaba el rector Edmundo Chirinos.